LT: La baja en la edad de imputabilidad de menores la analiza como parte de la Pastoral Social, y también, en su rol de abogada. ¿Se los puede pensar separadamente?

VWB: “Creo que van de la mano. No podemos disociar en una persona su conocimiento profesional, de su mirada del mundo y de la vida. La fe implica una visión del otro, del mundo, es compartir lo que emana del Evangelio, que no se contradice en nada. Fe y razón no se oponen. La fe le da a la razón una dimensión que está por encima, que con la razón sola no la podemos alcanzar”.

LT: ¿Qué se les die a los familiares de víctimas de crímenes cometidos por menores, asumiendo que lo que buscan es justicia?

VWB: Que lo que tenemos que evitar es que haya familias en esa situación. El tema es la prevención, evitar el delito. En una sociedad no se puede desterrar el delito. Es algo empírico. También lo sabemos desde la filosofía y desde la teología. Hay que decir, a todas voces –y lo dice la Iglesia- que acá la cuestión es la prevención. Ese pibe que delinquió, que más allá de su desarrollo, le faltan cuestiones que hacen a la contención, le falta acompañamiento para su adecuado desarrollo moral, que es de lo que no se habla. Es un chico, sea de clase alta o baja, al que le ha faltado el afecto, la valoración de su persona y de su vida. Si su vida no vale, porque su padre es muy rico y lo deja lleno de cosas y se olvida de que existe, o el padre es muy pobre o en situaciones de delincuencia, y también lo abandona o lo vulnera, es un chico al que le falta ese concepto de valor de la vida. Y si su vida no vale nada, la del otro tampoco. Es una de las cuestiones que no se ha debatido. Por eso la Iglesia dice, primero, contener, acompañar, formar. Si hacemos eso, vamos a tener algún delincuente, pero no va a ser la regla. Un paréntesis, exageramos con la participación de los menores en materia delictiva, pero son casos tan resonantes que nos mueven, nos conmueven, pero no en el buen sentido de responsabilizarnos todos, el Estado, la sociedad, la Iglesia misma, que trata de hacer un montón de cosas, pero no alcanza. Es muy injusto bajar la edad de imputabilidad, que no va a ser eficaz, y además estamos desplazando la responsabilidad de la sociedad en el chico.

LT: Compartimos lo que habría que hacer hacia adelante, pero el reclamo de las víctimas es por lo que ya sucedió.

VWB: A esa persona que ha delinquido hay que, primero, intervenirla a través de un proceso penal, o a través de procesos civiles; tenemos una ley de niñas, niños y adolescentes donde se habla de medidas de protección, que en su caso implica medidas excepcionales que ordenan sacar al chico del medio en el que está, darle el tratamiento que corresponde, y no está mal aplicar un proceso, que no tendría que ser penal en el sentido punitivo, sino enfocado en la rehabilitación y en la reinserción social. Bajar la edad de imputabilidad solo no sirve de nada si no prevenimos, y si después no intervenimos en esos casos de la manera adecuada. Acá el tema es que no se aplica lo que plantea la ley vigente.

LT: ¿Está bien lo que planteaba la ley original para estos casos?

VWB: Hay que verlo si se aplicara. A ese chico que lo declaré responsable penalmente, le aplico una medida que no implique el castigo sin más, que es lo que se hace, amontonamos a los chicos en institutos donde no los estamos rehabilitando, los estamos perfeccionando en el delito. El artículo 18 de la Constitución dice que “las cárceles serán sanas y limpias para rehabilitación y no para castigo”, toda una hermosa letra que no se aplica, y menos con los chicos. Eso es lo que planteamos desde lo jurídico y desde lo humano.

LT: ¿Cree que un menor que transita una vida delictiva, al enterarse de la ley que baja la edad de imputabilidad, va a dejar de delinquir?

VWB: Es de manual. Cuando uno empieza a estudiar derecho penal, te enseñan cuáles son las funciones de la pena: el castigo, la rehabilitación –que no se cumple-, y la prevención. La prevención es lo que menos funciona a nivel de la ley. Por más que sepamos que hay une pena enorme para tal delito, el delincuente no está pensando en eso al momento de delinquir. Pero las bandas que explotan a los menores sí miran eso, entonces en vez de reclutar chicos de 14 en adelante, vamos a reclutar más chicos. Es una actitud farisaica, de esos que se golpean el pecho pero después hacen cualquier cosa; es lo que está haciendo la sociedad desde ese lugar: se lava las manos, no atiende al chico, antes y después, pero la pena recae en el chico en lugar de caer sobre los verdaderos responsables, los adultos, funcionarios, legisladores, sociedad civil, lo que fuera. Como me dijo un amigo, lo que vamos a hacer es poner peloteros en las cárceles porque los nenes de 5 o 6 año van a terminar siendo soldaditos. Otro tema importante es la prevención en el tema de adicciones. Los chicos son carne de cañón de los narcos porque cada vez consumen siendo más chiquitos. La realidad es compleja. Tenemos que ver todo lo que sucede.

LT: ¿Tratar así a los chicos y a los sectores más vulnerables de la sociedad, no es parte del clima de época?

VWB: Tal cual, vivimos en una época de absoluto individualismo, nos hemos olvidado de nociones como Bien Común. Todo se exacerba en nuestro país. Conceptos como Justicia Social son mala palabra. Ya Aristóteles hablaba de la justicia del bien común, y la iglesia adopta en su doctrina social esta idea, esa justicia a la que todos debemos contribuir para el bien del todo, no de un sector. En este país, que viene con procesos de decadencias desde hace décadas, nos hemos ubicado en el individualismo absoluto, y no nos importa los chicos, ahora, cuando el chico me molestó, ahí lo tengo que penar.

LT: ¿La Iglesia hizo su autocrítica?

VWB: Exactamente. En el Sínodo de la Sinodalidad, el que convocó el Papa Francisco, y que tuvo que cerrar León. Entender que somos todos iglesia, y ver cómo hacemos para tener otro enfoque de la vida y del mundo, para que todos participemos de esa mirada. La autocrítica empieza desde ahí mismo, a ver cómo nos organizamos. Durante mucho tiempo la iglesia ha sido muy jerárquica, y “si el padre o el obispo lo dijo…”. Estamos en ese proceso de entender que todos somos responsables.

LT: En la polémica serie inglesa Adolescencia, se exponen las posibles causas por las que un chico de 14 años llega a cometer un crimen por el cual es juzgado y sentenciado, pero no se pone en tela de juicio la pena.

VWB: La ley en Argentina dice que, si el chico es de menos de 16 años, “el juez dispondrá”. Hay una arbitrariedad total, porque un juez no puede disponer sin un debido proceso. A su vez el juez se lo devuelve a la familia, que es lo que socialmente se critica, y eso no hay que hacerlo, a ese chico hay que intervenirlo con las medidas educativas, de salud, lo que haga falta según el caso concreto. El problema es que no se lo tenés que dar al padre, si ese padre no pudo, no quiso, porque hay que ver la historia del padre. Con ese chico hay que hacer, hacer bien, no encerrarlo en instituciones que no existen, o que son un desastre, que los sacan peor de lo que entró. La ley actual habla de tratamientos tutelares, tratamientos para el chico. Si ven que no se rehabilitó, entonces, sí, la pena. Después, ver cómo lo reinsertamos, porque lo tenemos que devolver a la sociedad de manera que no sea nuevamente un peligro.

LT: La voz de la Iglesia, como órgano institucional de consulta, ¿no ha perdido la influencia que solía tener?

VWB: Ese es otro síntoma de la famosa postmodernidad, a nivel mundial y en nuestro país. En nuestro país, por otras influencias, por otros grupos que disputan esa palabra. Una de las características de la postmodernidad es la desinstitucionalización en el nivel de todas las grandes religiones. Se les ha restado nivel a las instituciones: iglesias en plural, familia. El drama que tenemos es el debilitamiento de la familia. Los chicos no nacen de un repollo. Nacen y se crían en una familia. Ahora se plantea el tema de la baja de la natalidad. Es un problema acuciante para la seguridad social si no hay gente que lo sostenga. No es un problema de moralina como nos achacan a la Iglesia. Es realismo. Hay una serie de cuestiones que se centran en la familia. Cuando no hay familia, las sociedades se desintegran. No por nada esa expresión de que la familia es la célula básica de la sociedad. Se desintegra la familia, se desintegra la sociedad, es lo que nos está pasando. En la familia se aprende a no ser individualista, la relación con el otro, con el hermano. La cultura del trabajo se aprende en la familia. Cuando las familias son atacadas, entre otros aspectos, por la falta de empleo, ¿de qué cultura del trabajo vamos a hablar? Valorar la vida del otro se aprende en la familia cuando mis papás me valoraron. Cuando eso no pasa, por la razón que sea, porque me dejan con el chiche electrónico o porque se están drogando, ¿qué va a aprender el pibe?, eso aprende.

 

(*) Fuente: Informe de la Suprema Corte de Justicia de la Nación del 2024, publicado en 2025.