LT: Las redes sociales son conglomerados multimillonarios que contratan a los mejores cerebros del planeta para diseñarlas y ponerlas en funcionamiento de una manera específica y eficiente, esto es, tener a la mayor parte de la población mundial el mayor tiempo posible frente a sus productos.  En ese marco, padres, educadores, chicos, ¿qué herramientas tenemos para competir frente a eso?

ADG: Según mi percepción, arrancamos con 5 goles en contra, abajo. Cuando yo empecé la docencia, discutíamos esto con el programa de Tinelli, en aquella época, porque el programa de Tinelli apuntaba todo el tiempo a desacreditar la autoridad. En la época de Menem ya comenzó a gestarse un movimiento donde el docente comenzó a perder su jerarquía, los niños comenzaron a aumentar esta cosa de reírse del otro. En esa época no se decía bollying, pero era siempre la cargada, que siempre estuvo, pero con la crueldad avalada por los medios de comunicación de esa época. En ese programa se reían de cualquier tipo de autoridad. Ahí empezó como un declive donde los padres comenzaron a tomar un rol más protagonista en las escuelas, y la autoridad del docente empezó a decaer. Más los magros salarios docentes y las infraestructuras escolares que no se respetaban, todo eso fue un movimiento donde la escuela, que era n gran lugar de referencia, se empezó a enquistar, a guardar; los padres quedaron afuera, eran más clientes que padres, y el docente estaba más a la defensiva ante los temas de los niños, que si lo toco, que si lo miro feo, si le digo una palabra, si lo sanciono. El docente en estos 30 o 40 años ha perdido mucha jerarquía, como también los médicos, los policías, y cualquier tipo de autoridad. Imaginate cuando llegaron las redes sociales. Las redes sociales han producido una revolución increíble, un intercambio de conocimientos, pero imagínate el docente dónde queda, cuando el chico ya googlea todo, pregunta todo, y cuando viene a clases ya tiene un montón de información, que no siempre es la certera, pero antes era el docente el que manejaba todo el conocimiento. Por un lado, es muy bueno que una persona con su libertad explore dónde está el conocimiento, pero por el otro ya no lo tiene al docente como referencia, ni a los abuelos, ni a los padres ni al mecánico. Al consultorio vienen personas que me dicen que están consultando con la IA lo mismo que charlamos, y están conformes con la respuesta que les da el algoritmo, y cuando me cuentan qué les da, no está tan mal la orientación. Entonces, es un mundo complejo para tratar de contener a jóvenes que necesitan todavía de la corporalidad presente para aconsejar, contener, mirar. Es un desafío enorme. Salió en La Capital un informe que escribí sobre cómo estamos siendo nosotros adultos para que ellos nos miren y nos tomen como referentes. La pregunta era, ¿qué están mirando de nosotros? Te doy un ejemplo muy común que era en los campamentos. Los docentes de educación física hacemos muchos campamentos. Por ejemplo, si se avecina una tormenta, lo primero que el chico mira es la cara del docente, si estamos tranquilos, si sabemos qué vamos a hacer, cómo vamos a organizar la situación. Si nos ven cara de pánico, se angustian, lloran. En cambio, si nos ven serenos, tranquilos, y solventes, tomando decisiones sabiendo por qué las tomamos, los chicos acatan y se ordenan. Me parece muy importante la referencia del vínculo emocional para después meter los contenidos de matemática, de ciencias.

LT: Por diversas razones, el tema de las adicciones a las redes sociales acapara la atención de todos. ¿Cuáles son los signos que un adulto puede detectar para que se le active un alerta?

ADG: Sin tomar un cronómetro y saber cuál es exactamente el tiempo, podemos tomar como referencia si un joven o un niño se está aislando de sus entornos sociales, si está dejando actividades significativas que antes le producían placer y ahora no, que puede ser el arte, la música, el deporte, si además está irritable, si está perdiendo los ciclos biológicos como la comida o el sueño. Hay un montón de señales que, si se empiezan a acumular, tenemos que prevenir lo antes posible, no esperar que se acumulen. Si hay dificultad en mantener las rutinas de escolaridad. En ese sentido los maestros tenemos una responsabilidad enorme, que no se nos pasen tan tardíamente las señales de alerta, porque cuando uno está atento, se observa mucho, en las clases y en los recreos, en la entrada y en la salida, cómo ese chico fue recibido, cuánto tardó el papá en llegar, si es un retraso puntual o siempre llega tarde a buscar a su hijo. Hay un montón de señales que, si las agrupamos, pueden empezar a hablar de cosas que se pueden prevenir.

LT: Cuando un padre empieza a notar signos de preocupación en su hijo, sin caer en la clásica prohibición, o la cuestión disciplinaria de “te lo saco”, ¿cuál sería la manera más amigable de afrontar el problema?

ADG: Yo uso mucho la palabra “ternura” en muchos ámbitos, y acá sería una buena manera, estar en disposición de ternura, no de autoridad impositiva. Si me acerco a alguien con el interés de poder conectar con esa persona, puedo hablarle con mucha calma, pero muy firme, para poner límites y explicarle por qué los límites, porque con solamente el “por qué no”, se remite a una arbitrariedad para el chico que se va a rebelar mucho. Si le saco el celular sin ninguna razón, en vez de sentarme con ellos a explorar con qué se están conectando, que no es fácil. Hay un debate importante en este espacio terapéutico y también en las escuelas, cuánto de la intimidad tenemos que resguardar de un joven, y cuánto tenemos que acercarnos a ese mundo íntimo que tiene. En nuestra época no se nos ocurría leerles el diario íntimo a nuestros hijos, y era muy respetado ese cuadernito que tenía en su cajoncito, y no teníamos ni idea qué escribía. Si veo señales muy pesadas quizás sí tenga que ir a ver ese cuadernito, pero para eso está la prevención, el hablar con alguien que no conecta, que no baja a comer, o no quiere sentarse en la mesa familiar, o empieza a tener cambios de hábitos, en su higiene, en su auto cuidado, ahí uno tiene que acelerar el acercamiento. Con respeto, con ternura, con claridad, y por supuesto, nunca hacerlo a espalda del joven. Aprovecho que se fue al baño y dejó el teléfono ahí, y le invado, eso es muy malo. En cambio, le puedo decir que quiero saber lo que está mirando, y podemos discutir si me dice que no, pero él sabe que soy frontal, que no voy a ir por detrás, y esa veracidad genera confiabilidad en el referente, sea un docente, un terapeuta, un padre, un abuelo, un vecino.

LT: ¿Y qué pasa con los adultos y las adicciones a las redes sociales?

ADG: Tenemos muchos años cronológicos los adultos, pero emocionalmente podemos estar en una inmadurez increíble. Cada uno tiene su propio desarrollo emocional. Porque el chico está con pocos años, pero además está inmaduro psicológica y emocionalmente, entonces está coherente. Está creciendo y madurando. Pero nosotros suponemos que, por la edad que tenemos, ya somos personas maduras, y no lo somos en la totalidad de nuestras áreas, y es muy importante que sepamos en cuál área yo todavía son muy vulnerable. Cuando me contradicen, cuando me frustro, cuando no me dan la razón, todo eso, los niños y los jóvenes lo observan. Entonces, ¿qué autoridad puedo tener si yo soy inmaduro frente a frustraciones, como el fútbol, lo económico, el tránsito, lo político, y que cuando hablo, quiero destruir al otro? Yo le digo al chico, respétense, no se peleen, pero después me escucha que ideológicamente, o religiosamente, o culturalmente digo una palabra que descalifica a la otra persona, el chico dice “este me dice, pero no puede sostener lo que dice”. Entonces la madurez del adulto es fundamental para la referencia de un joven. Nuestro documento dice que tenemos tal edad, pero nuestra psique dice que nuestra edad es de otra manera. Los que vamos a la cancha lo vemos claramente en las tribunas. De pronto nos inmaduramos todos si no salen los resultados que queremos.

LT: Cuando se habla de adicciones a redes sociales, se lo relaciona al tiempo de exposición. ¿Hay otros factores que también nos permiten hablar de adicción?

ADG: Si estoy en un asado con amigos y me tomo una copa de vino en el asado, es una cosa. Pero si me tomo ese mismo vaso para dormir todas las noches, a la misma medida la transformo en otro tema, porque uso el alcohol para, o porque estoy sólo. Lo mismo para los chicos; puede tener una hora de una relación con la tecnología, o 10 –que es un montón-, pero también es por qué la estoy usando, si no tengo amigos, si me siento solo, me siento avergonzado, tengo que mostrar fotos que me den mejor autoestima que la vida real. Ahí ya tenemos un problema: es mi copa de vino porque estoy sólo, no porque la estoy compartiendo con amigos. Porque las redes sociales son un modo de comunicarse debería ser algo muy interesante para los jóvenes, pero a veces se usa como un refugio, pero tenemos que ver cómo se está usando eso. Para los adultos es lo mismo que el alcohol, el juego, muchas cosas que podrían empezar a desbordarse porque vienen a cubrir una necesidad para la cual no están hechos. Lo relacionamos con un estado de ánimo, no con una necesidad del objeto que necesitaba. Los chicos pueden tener esa relación con la tecnología

LT: Aunque el sueño del creador de cualquier red social es que los usuarios pasen las 24 horas del día usándolas.

ADG: No conozco técnicamente cómo es la construcción de los algoritmos, pero me han comentado que están pensadas para que uno no suelte nunca la conexión. La publicidad antiguamente ya requería de nuestra atención. Pero ahora es masivo totalmente porque está las 24 horas, y por cualquier dispositivo nos invade “lo interesante”, porque todo nos parece interesante, este reel, y este reel, y este reel, esta serie, esta otra serie. Son cien mil estímulos, cuando los que tenemos cierta edad teníamos que esperar una semana entre un capítulo de una serie, y el próximo, había una espera.

LT: O esperar varios meses para que una carta cruce el Atlántico, y que nos llegue la respuesta.

ADG: Claro. A veces nos enojamos con los adolescentes, pero les hemos dado un mundo que tiene inmediatamente todo disponible 24 horas lo que quiera. Lo veo en las frutas. Antes las mandarinas y naranjas eran de invierno, el durazno y la frutilla de verano. Ahora todo el año está todo. Así es internet. Todo está en todo. El mundo de la espera se ha achicado, y después decimos, “che, estos chicos están tan impulsivos, no toleran la frustración”, pero se lo dimos nosotros al estímulo, les hemos dado todo, todo el tiempo.

LT: En este marco, ¿qué opinión te amerita lo ocurrido en la escuela de San Cristóbal?

ADG: Es muy conmocionante una tragedia de esa magnitud; chicos que se agredan con ese nivel. En educación a veces vemos que los chicos se desbordan y tienen algún nivel de agresividad mutua, pero en niveles muy controlables, y si se desbordan llamamos a los padres con una nota. Imagínate el salto cualitativo de agresividad que tuvo esta escena donde se pierde la vida de un jovencito, y no sé cómo seguirá la vida del joven que ejecutó esta acción. Es una tragedia por donde la veamos. Es un dolor enorme y es un fracaso nuestro como adultos, yo lo vivo como un fracaso nuestro como adultos. No sólo los docentes, me involucro como sociedad: si estamos discutiendo el estrecho de Ormuz, o el Artemis, y los chicos están en otra cosa, a veces nos metemos en temas que nos interesan, pero nos olvidamos de lo que está pasando delante de nuestras narices. Y lo que está pasando frente a nuestras narices son chicos que están en una soledad, con angustias que, si no se las abrimos, no sabemos dónde pueden terminar. Los niveles de angustia a veces son muy altos, ojalá podamos anticiparlos para que tengan contención esas angustias, esas soledades tan profundas que sienten los chicos a veces.

LT: Objetivamente, las fuentes de información han cambiado. Diarios, TV, radios, sistema educativo, eran las tradicionales fuentes, chequeables, verificables. Hoy, las generaciones más jóvenes consumen información de redes sociales, en su mayoría inverificable. ¿Alcanza con charlar?

ADG: Creo que es lo único que tenemos, porque tampoco tenemos estudiado cuál es el efecto real. Tenemos hipótesis. A nosotros nos decían, “no miren tanta TV, lean libros”. Este debate sobre la tecnología que viene, que parecería que va a afectar la mente de los jóvenes y de los niños, es antigua. Parece ser que cuando se descubrió la imprenta, también fue una revolución para esa época. La radio fue una revolución, la televisión fue una revolución. No nos anticipemos diciendo que la tecnología va a traer algo malo per se. Pero sí estemos los adultos muy pegados a nuestros jóvenes para que, ante cualquier duda, cualquier desafío, podamos estar cerca de ellos para poder, juntos, buscar las soluciones. Porque acá estamos con novedades que tenemos que ir aprendiendo. Por eso digo que estamos 5 goles atrás en el partido. Los adolescentes están viendo cosas y nosotros estamos llegando cuando ellos ya están tomando decisiones, pero podemos achicar esa brecha, y me parece que es la responsabilidad de los que trabajamos en salud, los docentes, por supuesto, padres y familiares.

LT: Algunos países del llamado primer mundo optaron por la prohibición de redes sociales para menores de 16 años.

ADG: La prohibición es como un atajo. Va a ser vulnerada. En toda la historia ha sido así. Yo apelaría a algo a más largo plazo, que requiere mucha más energía, que es la persuasión. Es como el uso de sustancias. Alguien me podría decir, “¿vos pensás que hay que liberar todas las sustancias?”. No. No es fácil debatir esto. Pero prohibirlas no trae ninguna solución. Ya se probó con el alcohol prohibirlo. Y prohibir, pongo un límite y todos nos quedamos más o menos conformes, pero van a haber mecanismos para acceder a lo prohibido. Es más, se pone más deseable. Yo apelo más, como docente, a la educación, a la conversación, a poner todo sobre la mesa, y elegir mejor. Esto también lo hacemos los profes con gente que quiere bajar de peso. En vez de prohibir las harinas, los dulces, las grasas… comé, movete, comé un poco menos pero movete. Prohibir por prohibir, después entra a una panadería y se compra 2 docentes de facturas. Creo que la prohibición no ha traído grandes progresos, al contrario. Yo apelaría a la conversación, a la persuasión, al convencimiento, que es lo que hacemos con los chicos. No está prohibido pegarle una patada a un contrincante en el fútbol; los persuadimos que no sea tan fuerte cuando vayan a trabar una pelota, y lo logramos no prohibiendo el juego fuerte, pero tenemos una tarjeta roja por las dudas. Pero estamos ahí, ayudándolos a jugar mejor.