LT: El derecho a jarra tiene sus años en Rosario, implementada por ordenanza. Más allá de un recipiente con agua, ¿qué implicancias filosóficas o sociológicas este hecho conlleva?

AF: Muy interesante la pregunta tuya, porque por ahí muchos se quedan con la apariencia de la jarra de agua. Cuando generé el derecho de jarras, dejando de lado el origen del nombre, se empezó trabajando un artículo, como jurista y ambientalista, en el 2009. Porque hago un artículo de algo que ya venía elaborando, que es, cómo lograr que el derecho humano al agua se concretice aquí y ahora, en las personas en situación de ciudad. La génesis de los servicios domiciliarios sanitarios de agua y cloacas fue domiciliario, de la línea de edificación para adentro. En cambio, lo que a mí me preocupaba y me sigue preocupando es cómo hacés que una persona en situación de ciudad, ya sea como caminante, ya sea como turista, ya sea trabajador, que sea contemplativo de la ciudad, pueda acceder al agua potable libre, gratuita, en distintas situaciones. Esto es lo que a mí me preocupaba cuando lo generé. Entonces, el derecho de jarra de agua tiene tres aspectos que son, uno, los bebederos públicos, donde la gente pueda acceder en los espacios públicos, evitando que se privaticen. Las personas pueden ir con su pareja, sus hijos y mantienen el carácter público de esos espacios verdes, porque si no, la alternativa es que el hijo cuando va a jugar, acceder a agua envasada o la de kiosco, lo cual significa que vos para acceder a esos espacios verdes tenés que tener dinero, y si no tenés dinero, como en esta época terrible que vivimos, el acceso al agua potable libre y gratuita se te vuelve muy complicado en los espacios verdes. Nosotros en el 2012 hicimos todo un relevamiento de espacios, parques, plazoletas, plazas, y llegamos a la conclusión técnica que había solamente 5% de los bebederos, con lo cual gestionamos ante el Estado municipal y tuvimos muy buena respuesta, hasta que se logró en esta escucha activa de parte del Estado municipal que se colocaran en distintos lugares, plazas, plazoletas, parques, grandes parques, una gran cantidad -necesitaríamos más- de bebederos. El argumento que no se colocaba era por el vandalismo. Entonces propusimos que se hicieran de tal manera que fueran poco tentadores al vandalismo los materiales que lo constituyen. Ahí logramos que el bebedero sea muy poco estético, de tal manera que el vándalo no estuviera tan seducido. Son bebederos antivandálicos. Y lo último fue hace un tiempo, que se colocaran cerca de 100 bebederos en distintos lugares de nuestra ciudad. Con lo cual es un avance muy importante, porque si no, los espacios públicos se vuelven fácticamente privatizados. Luego en el 2015 planteamos la cuestión del derecho de jarra de agua en bares y restaurantes cuando vos estás consumiendo algo. El derecho de jarra de agua en restaurantes cuando vos estás consumiendo algo, es un avance muy importante, porque nosotros trabajamos mucho con la sociología de lo cotidiano, y en esa sociología de lo cotidiano, para producir conocimiento científico uno tiene que deconstruir, desmantelar lo que está dado por la ciudad, lo que está dado por la sociología de la repetición. Es decir, la gente ve que no te dan agua potable en un bar, lo repiten 10 veces que no te dan agua, y esto que está estudiado científicamente, lo acepta como algo normal, lo naturalizás como normal. Kant decía, la importancia de acceder o generar conocimiento científico es desmantelar lo dado o rupturar lo dado. Son pequeñas cosas, pero que sirven mucho a la libertad de cuerpos y a la soberanía de cuerpos. Filosóficamente y sociológicamente significa que, cuando voy al bar o restaurant, puedo acceder al agua potable en una libertad de elegir. Y después si vos querés tomar otra cosa, podés tomar gaseosa, agua mineral envasada, que puede estar de seis meses o un año envasada y puede tener sodio, y si tenemos hipertensión arterial, todos sabemos qué es sodio. A nosotros nos preocupa que la persona tenga la libertad social de elegir si toma esa agua o no. Y luego de la ordenanza 94-65 logramos que se pase al derecho de jarras de agua en boliches bailables, porque el problema que había es que cortaban el agua en el baño, o cuando están en fiesta electrónica, te cotizaba la botella de agua mineral o mineralizada a altísimo precio. Correspondía por el derecho humano de acceso al agua, que se garantizara el acceso al agua potable libre y gratuita a la gente que estaba en un espectáculo público, o que estaba en un espectáculo deportivo, o que estaba en una situación de diversión de mucha gente. Ahí se tiene que garantizar el derecho de jarras de agua y se logró. Luego, lo que notábamos es que la ritualidad mercantilizada que tenemos todos, que es cuando vamos a un shopping o cuando vamos a una tienda de más de 1200 metros cuadrados, donde podés pasar como si fuera una procesión laica, muchas horas, algo impensable en otra época. Nosotros planteamos y nos pareció interesante cómo se avanzó con el agua potable, el derecho de jarras en superficie mayor a 1.200 metros cuadrados. Luego planteamos a nivel provincial, y todo esto que estamos hablando fue con el apoyo de concejales porque fueron votadas casi por unanimidad muchas de estas ordenanzas. Se empezaron a replicar, en Sunchales, en Santa Fe, en San Lorenzo, en Bariloche, en Gualeguaychú, en Córdoba, hasta que logramos plantearlo en la legislatura provincial. En la legislatura provincial logramos que se estableciera una síntesis más interesante también, porque de los 60.000 establecimientos educativos que tiene la Argentina, hay muy poco porcentaje de agua potable libre y gratuita para acceso a las personas de infancia o de adolescencia. ¿Qué sucede?, que está más garantizado el tema del agua saborizada o el agua gaseosa, que la propia agua potable, con lo cual el problema de obesidad, el problema de diabetes o prediabetes, o el problema de salud era muy grave, motivo por el cual nosotros ahí veíamos el tema de las escuelas pública y privada, que se establezca agua potable libre, gratuita, en forma amable, y esto es lo que la ley estableció, aparte del derecho de jarra de agua en las 365 localidades. Ha sido todo un éxito eso, porque se replicó luego en Córdoba, CABA, La Pampa, Río Negro, y eso evidentemente ha ayudado a cómo, en lo mínimo, en el detalle está lo universal. En el detalle está lo universal, decía Hegel, el pensador alemán que decía cómo en el detalle se ve la mano de Dios. Entonces, el detalle que para algunos es una nimiedad, pero como decimos nosotros, si la persona en situación de ciudad tiene un problema menos, tiene un bienestar más, porque quiere decir que, con todos los problemas actuales económicos que hay, si a esto hay que agregarle que yo tengo que llevar 4 mil pesos para una gaseosa o para acceder al agua potable, siendo esto un derecho humano fundamental, hemos logrado hacer una buena gobernanza con el Estado, y una mejoranza ambiental y social que es muy importante porque resuelve algo que es valedero para una necesidad básica, donde el 70% de nuestro cuerpo está compuesto por agua. Imaginate que 7 de cada 10 personas en el año 2050 van a vivir en ciudad. El problema ambiental, el problema conflictual de las sociedades se va a desarrollar en ciudades. Es decir, el derecho a la ciudad y el derecho de las personas en situación de ciudad también implica una obligación. La obligación es cuidar el agua, no derrocharla y fundamentalmente tener un criterio de convivencia y de sociedad armonizada.

LT: En la reforma constitucional del año pasado este tema logró base jurídica.

AF: Nosotros trabajamos muchísimo en la reforma de la Constitución del 2025, que nos parece excelente. Hemos logrado que se estableciera el derecho humano al agua, la protección ecosistémica de los humedales. Los humedales son agua como reguladores, como amortiguadores, como purificadores, donde nuestra postura era y es que se estableciera en una de las pocas constituciones en forma ecosistémica el derecho humano al agua y al saneamiento. Establecerla en forma ecosistémica, establecer que se protejan los humedales, establecer algo que para nosotros también es muy importante. Una gestión hídrica sustentable es la gestión fundamental para tener en cuenta qué pasa con el desarrollo de los bienes hídricos, en una época donde Naciones Unidas ya habla de la quiebra hídrica o el agua fallida. Entonces, esto para nosotros que venimos desde hace mucho tiempo trabajando, el tema del derecho humano al agua fue muy bien recepcionado, y así lo planteamos en la constitución del 25. Esta forma integral, ecosistémica, ha sido muy saludable, muy acertada y pertinente. Nosotros tenemos que alejarnos de los análisis simplistas, básicos y primitivos. Cuando uno habla del agua, tener que verlo en forma compleja. Compleja que no significa complicado, y tener que verlo como una cuestión integral. Integral significa que una cosa está concatenada con la otra. Por ejemplo, es verdad que el papel consume agua. Cada hoja son 10 litros, pero también el trabajo con pantalla, el trabajo virtual también consume agua. Seamos serios, los centros de datos para mantener la refrigeración consumen muchísima agua. Microsoft tuvo que sostener que el agua que utilizó para su sede en 2024 fueron 148 millones de litros, porque necesita refrigeración. Ahora, lo que hay que entender en el análisis integral es que en todo proceso ecosistémico hay distintos niveles de contaminación. El debate es cuáles son los niveles de contaminación. No existen situaciones puras. Siempre hay influencias, como diría Maturana, homeostasis, en la homeostasis nuestra es el punto de equilibrio para que tengamos compensación y funcionemos, siempre hay distintas alteraciones. El tema es cómo logramos que el Estado –como el tema de la ley glaciares- en este caso nacional, se vincule con las 57 universidades públicas, y se vincule con licencia social, con los pueblos originarios, para que en la minería se evite la celularización o la resignificación de tierra, que después, como todos sabemos, va a las napas. Y todos tenemos que saber que la mayor cantidad de agua está en las napas. Los acuíferos tienen más agua que en la superficie. En la superficie hay una tercera parte, las dos terceras partes del agua dulce está en las napas. Entonces las napas hay que cuidarla. Imaginate, la industria vitivinícola en Mendoza, La Rioja, San Juan. Si hay un proceso de acidificación, si hay un proceso de cianuración, ¿vos te imaginas qué va a pasar con los cultivos de los viñedos, qué va a pasar con la industria vitivinícola, qué va a pasar con la agricultura? La agricultura consume el 70% del agua, el 20 de la industria, 10% el consumo humano. Seamos serios, hagamos un análisis integral. Es decir, todo el mundo quiere plusvalizar, todo el mundo quiere ganar dinero y forma parte de la historia. Pero todo tiene que tener un límite, todo tiene que tener una razonabilidad y una mesura. Los glaciares son el mayor reservorio de agua dulce que hay. La ley del 2010 no hay que tocarla, hay que apoyarla, hay que defenderla, es la que permitió que más de 16.000 glaciares estén protegidos. Nosotros necesitamos en nuestro país, en el planeta, mesura, prudencia, razonabilidad, que no es lo mismo que racionalidad, de tal manera que cuidemos los bienes comunes públicos, como es el agua, como es la luz solar y lunar, como así también es el aire. Siempre existió el mercado negro, mercado blanco, bajo sistema de economía planificada, y no planificada. Nada nuevo de las ambiciones y codicias que tiene la humanidad en la búsqueda del dinero, la búsqueda de la codicia, de lo que podemos llamar la plusvalización. No se debate eso. Lo que sí se debate es que esas cuestiones están por fuera del mercado. Hay que entender que tienen que estar por una necesidad de supervivencia, no solamente nuestra, sino de todas las biologías y de toda la biodiversidad que existe. Vos imagínate, nadie habla de un problema que tenemos como humanidad y que tenemos que abordar, que es el tema de la explosión demográfica. Acá hay una explosión demográfica, y en el 2050 vamos a hacer 10 mil millones de habitantes, la mayoría en el sur del hemisferio mundial. Si no hay un criterio de equidad social ambiental, si no tenemos un criterio de planificación urbana, un criterio de lograr contención para los incontenidos sociales, o sea, los marginales, los vulnerados y vulnerables, necesitamos llegar a ese acuerdo, a ese nuevo tratado, pacto social ambiental, pero no por una cuestión ideológica, es por una cuestión de necesidad.

LT: Estamos en un clima de época donde podría ideologizarse esa lucha.

AF: Exactamente. No se debe discutir si es de tal palo o tal otra, respirar aire, por ejemplo, o tomar agua. Cuando alguien me incendia acá los humedales -que en el 2025 fueron muchos y ahora se han visto varios- evidentemente me está privatizando mi derecho a respirar aire, porque vos querés plusvalizar con mis pulmones, con los pulmones de la comunidad que no accede a aire puro. Lo mismo cuando me quema los humedales para la purificación y amortiguación del agua que tiene el humedal. Es decir, hay cuestiones que están fuera de debate, que deben estar fuera de debate, porque si no, lo que está en juego -y esto es lo importante remarcar- es la vida. Pero no solamente la vida nuestra, la vida de toda la Tierra, la biodiversidad, de tal manera que podamos convivir en sociedades armonizadas. Ya sabemos que todo el mundo quiere ganar dinero. Eso no es nada nuevo, ni siquiera voy a entrar a discutir si está mal o está bien. Lo que sí digo es que es necesario poner límite. Toda ambición, para que no se transforme en codicia, hay que ponerle límite. Toda ambición que vos le ponés límite le permitís a esa persona poder emanciparse. Los límites son para crecer, no son para reprimirse, son para crecer. Y en ese proceso de emancipación lográs sociedades más armonizadas. Es una cuestión práctica, no es filosofía abstracta. Si vos no rompes con ese individualismo tan atroz que tenemos todos, tenemos un problema. El problema lo vas a ver en las distintas contaminaciones, en el caso que se lleguen a modificar esta ley de Glaciares, para darle más poder a las provincias, para que las provincias puedan hacer negocio con la minera. Tenés que aferrarte al fallo de 2019 de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, donde muy claramente dice que la ley del 2010 es absolutamente constitucional. Es decir, nadie está en contra del desarrollo económico, social. Hay cosas que hay que entender que no son negociables. ¿Qué va a pasar si la tierra que cultiva, la tierra que produce la industria agraria, se está contaminando? ¿Qué va a pasar cuando esa agua llegue a las napas? Y la gente que quiera tomar agua, ¿qué va a pasar? ¿Quién garantiza al 100% que eso no va a producir? Que lo firme la Barrick Gold, que lo firme toda la minería, que no se va a producir. Y que se hagan cargo de la reparación. Porque acá el problema que tenemos es que estos grupos económicos asumen culpa, cuando la asumen, pero no hay política de reparación. Reparación, reparación social, reparación económica y reparación ambiental. Eso es necesario hacer. Si no, tenemos un problema cultural profundo. Lo que queremos los ambientalistas es que se hagan bien las cosas. Que se hagan bien las cosas significa que los que quieran explotar una mina consulten a las universidades públicas, que están absolutamente en condiciones y capacidad para decir si se puede hacer, o no se puede hacer. Consultar la licencia social a las localidades donde se va a hacer. Consultá, no vayas con el hecho consumado. Por tu codicia o la ambición o lo que vos quieras llamar. Por eso decimos que es importante poner el límite a la ambición porque eso permitiría culturalmente liberarte, emanciparte, porque los límites no son para reprimir, son para que te liberes de cargas culturales y mandatos sociales.

LT: Volviendo al tema de la jarra de agua, ¿se respeta?

AF: Sí. Hemos logrado un triunfo cultural gracias a la ley. Esta ley ha permitido un gran avance donde lo más importante es que culturalmente se sabe que es un derecho y fundamentalmente que hace a su cotidianeidad.

LT: Está presentando junto a la UNR el libro “El derecho de jarra de agua y el derecho a sanitarios libres”. ¿Qué buscamos con esto además de complementar la cátedra?

AF: Cuando generé y produje el Derecho a los Sanitarios Libres, ¿qué es lo que buscamos? ¿Qué es los Derechos a los Sanitarios Libres? Significa una persona en situación de ciudad, que pueda ir a un baño y hacer su necesidad fisiológica. Lo que buscamos es que no se mercantilice los cuerpos de las personas. Vos querés ir a un baño, yo te cobro. Alguien te cobra para que vayas a un baño. Son planteos sociológico-ambientales grandes, pero lo llevamos a cuestiones muy concretas, aquí y ahora, qué es lo que necesitan las personas en situación de ciudad, aquí y ahora. Entonces puede ir a distintas instituciones públicas, o privadas, que atienden a las personas, y están obligadas a dejarlas a entrar al baño, lo cual es algo muy importante. Eso hace a una sociedad amable. Una ciudad amabilizada permite que tenga efectos positivos importantes, por ejemplo, a nivel social, ambiental, turístico, económico y demás. Porque evitás que esa persona tenga un problema menos y tenga un bienestar más. Nosotros nos pusimos a pensar en sociología de lo cotidiano, la persona en situación de paseante, trabajador, de deporte, de turismo, cómo podíamos construir un derecho que le sirviera a la persona aquí y ahora en forma concreta, no que se vaya por el aire. Para algunos es una nimiedad, pero creo que esa nimiedad, que para algunos lo viven así, es el 100% de esa necesidad de esas personas cuando está en situación de ciudad. Con lo cual es muy importante que se respeten esos derechos y que la gente lo ejerza. El derecho no ejercido, es derecho perdido. El derecho se debe ejercer. No hay Estado que esté en todos los lugares para aplicar, imposible. Entonces vos tenés que, con amabilidad, con tranquilidad, ejercer tu derecho. Y esta es la cuestión fundamental del derecho de jarras y del derecho sanitario libre. ¿Cómo evitamos fundamentalmente que la gente haga su necesidad y no mercantilizar los cuerpos?