LT: ¿Cuándo y cómo nace este proyecto?
CL: Nosotros éramos un grupo de activistas que estábamos peleando por la ordenanza que prohíba la tracción a sangre en Rosario, hasta que en el 2010 aparece la prohibición de la tracción a sangre. Empezaron a haber denuncias por tracción a sangre y la Municipalidad tomaba esos caballos, los retiraba y los llevaba al corralón municipal. Nosotros planteamos conseguir un campo, sacar a los caballos del corralón, rehabilitarlos y darlos en adopción responsable.
LT: ¿Quiénes eran “nosotros”?
CL: Un grupo de activistas que peleábamos siempre por esta cuestión. Hicimos un contrato con la Municipalidad por el cual ellos nos iban a ayudar con la alimentación, y nosotros nos ocupábamos de rehabilitarlos y darlos en adopción responsable. Así fue que hace 10 años llegaron los primeros 14 caballos en un camión, y después otros y otros. Hasta el día de hoy seguimos con esta tarea. Hemos dado en adopción cantidad enorme de animales, mientras los seguimos recibiendo. Este es un lugar de tránsito para que ellos se vayan adoptados responsablemente.
LT: ¿Cuántos caballos hay hoy, y cuántos han pasado por Liberación?
CL: Ahora debemos estar en los 95 caballitos. Han pasado cientos y cientos de caballos, algunos con final feliz, cerrando su ciclo de adopción responsable, otros no lo han logrado porque han llegado en condiciones espantosas.
LT: ¿Quién adopta un caballo?
CL: Dar en adopción un caballo no es lo mismo que dar en adopción un gato, entonces se nos han ido acumulando animales. La regla número uno para dar un caballo en adopción es que no vuelvan a ser utilizados para trabajo. Ellos tienen que ir a vivir libremente, como jubilados, no más carro, no más rebenque, no más látigo, solo una vida como la que ellos llevan acá. Tienen que tener un campo, no pueden estar en la ciudad, sino en la zona que no es urbana, con cerco perimetral. Hay un contrato de adopción con todos los requisitos donde nosotros explicamos todo, por ejemplo, si me llevo un caballo en adopción y tengo alguna dificultad y no lo puedo seguir teniendo, el caballo debe ser devuelto a Liberación. No puede ser vendido, regalado, transferido ni donado.
LT: ¿De dónde proviene la mayoría de estos caballos?
CL: La mayoría viene de tracción a sangre, de carreras clandestinas, de hornos de ladrillo, de todas las situaciones de maltrato que puede haber.
LT: ¿Qué te quita y qué te da este trabajo?
CL: Este laburo es mi vida. Yo tengo mi trabajo, soy psicóloga, trabajo en un centro de salud, y esto es lo que le da un poco de sentido a tanta angustia que he tenido en toda mi vida por esta situación en Rosario.
LT: Hablame de este campo, y del cúmulo de actividades que organizan para recaudar fondos, porque vemos que las necesidades son infinitas.
CL: Nosotros alquilamos este campo que cada tres meses nos aumenta el valor. Compramos la comida para todos los días porque las hectáreas del campo no son suficientes para la cantidad de caballos. La pastura no se renueva, por eso tenemos que comprar los fardos. Los eventos que organizamos tienen varios sentidos: que la gente venga, que los vean, que los conozcan, que interactúen, que los caballos entiendan que un humano que se acerca ya no es un látigo, un golpe, sino una zanahoria o una manzana. Quitarles el condicionamiento de mano-dolor, hacia la mano-placer, mano-salvación. Pero para todo esto necesitamos de la colaboración de la comunidad, personas que puedan apadrinar, porque no tenemos un producto que vendemos a cambio de ingresos. Tenemos que alimentar y cuidar estos animales
Luna: la historia de una yegua torturada por negarse a tirar un carro
CL: Luna es una yegua rescatada en Villa Gobernador Gálvez, en situación de tracción a sangre. Ella tenía un potrillo que hacía que ella no quisiera traccionar el carro para no separarse de su hijo. Sus captores practicaron todas las torturas habidas y por haber para que ella camine, y como no lo hacía, se cayó y se fracturó la pierna. Con el tiempo le ataron el caballito al carro para que ella camine a su lado. Volvió a caerse, se volvió a lastimar, se hizo la denuncia correspondiente y trajeron a Luna. Ella llegó en pandemia con su hijo. Su hijo ya creció, ya se fue en adopción, fue castrado. Y Luna nos quedó a nosotros. La tenemos aparte, porque no puede estar mucho tiempo de pie. Es la mimada, se levanta cuando quiere, come, la pasa bien. Mientras ella nos muestre que quiere comer, que quiere estar bien, que tiene deseos de vivir, ella va a estar aquí, va a estar cuidada, que es lo que hacemos, y mimarla mucho. A ella le encanta dormir la siesta sobre nosotros y pasar mucho tiempo con nosotros. Es el emblema de liberación, porque es… ha sido un ejemplo de todo, de cómo cuidar a su hijo, y cuando vino acá, cómo mostrar su deseo de continuar con vida.
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