¿Cuándo comenzás con la militancia, el trabajo barrial, y cuándo hiciste el clic y decidiste que tu vida iba a ir para ese lado?

Empecé a militar a fines del 2007 con la necesidad, con la vocación, con la convicción delegada de mi familia, mis abuelos militantes, no militantes políticamente activos sino adheridos ideológicamente al peronismo, y por la esencia de mi familia, estando del lado del que lo necesita, ayudando de alguna manera. Nací en un pueblo muy chico de la provincia de Buenos Aires que se llama El Triunfo. Pero hace 21 años que vivo en Rosario, ciudad que me adoptó y que me permitió, en el marco de la Facultad de Ciencias Políticas, comenzar a militar. Conocí al Movimiento Evita desarrollando una jornada solidaria en Barrio Gráfico, y desde ese momento empieza el interés en desarrollarme territorialmente, con quienes más lo necesita, y de ahí pensar que un proyecto político puede ser una herramienta para construir esas respuestas de manera colectiva. Mi trayectoria fue creciendo a lo largo de estos años, organizándonos en cada barrio, primero con la juventud, y luego hacia el movimiento de mujeres y diversidades que fue lo que me permitió ir desarrollándome políticamente desde ahí. Para mí la militancia es una elección de vida. Ponemos nuestras vidas al servicio de otras y otros. La respuesta a las condiciones de vida, a tener una vida más digna es con la comunidad organizada; esa es la forma en que concibo mi vida, y que dispongo de mi vida para lograr que todos y todas tengamos una vida mucho más digna. Voy a cumplir 40 años; la universidad me abrió las puertas a la militancia. Nunca fui militante universitaria, acompañaba los procesos electorales de mis compañeros del Movimiento Evita, pero mi elección hasta el día de hoy es militar en los barrios. El territorio me ha dado todas las herramientas para conocer las realidades, las formas de organizarnos, de gestionar, de visibilizar un problema. Eso compensa en parte toda la teoría universitaria, que es central para el desarrollo de la militancia. Durante todos estos años que me ha llevado la facultad hubo factores que hicieron que me retrasara, pero aun así mi vocación es el servicio, porque de eso se trata la militancia, que me ha llevado más tiempo, por la experiencia que me dio que es la mejor forma de formarme como persona.

Pensando en tu origen militante llevado al trabajo en el Concejo, ¿cómo te ves debatiendo con colegas que están en la antípoda de tu pensamiento, y por otro lado, cómo creés que te vas a llevar con el trabajo burocrático inherente a la actividad parlamentaria?

Es un desafío. Si bien vengo de trabajos institucionales con experiencias en otros lugares del Estado, siempre es un desafío trasladar y motorizar las discusiones que damos en el territorio, a un plano más institucional. Ocupar circunstancialmente este lugar es una doble responsabilidad, por un lado, de expresar las voces de mis compañeras y compañeros, y por otro, expresar toda la organización colectiva que hay detrás de lo que venimos haciendo como un proyecto de ciudad, de provincia y de país, de poder construir un lugar de resistencia en un momento de tantos retrocesos, donde todo está siendo deslegitimado, donde hay toda una promoción de la violencia. Si lo pensamos a nivel nacional, al inicio de la gestión de Milei hubo una definición clara de aniquilamiento y de ofensiva contra los movimientos sociales, contra los movimientos feministas y sindicales, que es donde yo desarrollo mi militancia, y es central con esos actores para poder pensar un modelo político de país. Por otro lado, eso definió la desjerarquización de los ministerios, el recorte presupuestario de programas, la promoción institucional de la violencia, a los discursos de odio, a promover prácticas de aniquilamiento, porque este modelo económico de Milei tiene una clara definición de sobre qué actores quiere ejercer su destrucción. Si vamos a los números, tenemos mayores índices de femicidios, más denuncias por violencia de género, crecimiento de la violencia urbana. Nosotros buscamos un país más humano, más solidario, soberano, independiente. Ha provocado un desfinanciamiento; no tener recursos para políticas públicas que prevengan situaciones de violencia, tiene como consecuencia que tengamos mayores índices de femicidios.

Presidís la comisión de Género, Igualdad y DDHH. Tu idea es abrir la comisión. ¿Qué implica esta apertura?

Llegar a otros lugares por las redes que hemos construido a diario. No concebimos a la política desde el nombre o desde el lugar propio, porque formamos parte de una organización de un espacio que discute la política de la ciudad. En ese sentido, no sólo pienso a este lugar como un espacio de resistencia, sino de propuestas y de pensar el futuro. No quiero resignarme a lo que buscan ellos que es abandonar la discusión de un modelo de país para pocos. Veo a esta comisión y al Concejo como una herramienta institucional, como una trinchera para construir futuro. No me resigno a dar peleas. Es una herramienta más para dar la discusión que estamos dando, y cuando hay que incomodar, incomodamos. Hay que encontrar consensos, vivir en la diversidad. Hoy, los representantes del gobierno de LLA están presentes en este Concejo, y tienen posturas claras, con consignas vacías, de achicar el Estado, reducir presupuestos, retirar políticas que se estaban desarrollando, que tienen objetivos comunes en problemas concretos. Con el argumento que el Estado gasta, el recorte es tremendo, lo vemos con los jubilados, con las personas con discapacidad. Cuando uno piensa en la institucionalidad, la piensa en todos los niveles del Estado, y qué responsabilidades tiene. A mí me toca en la comisión de Género, Igualdad y DDHH promover la participación de las organizaciones, de los colectivos que hoy llevan adelante una agenda, que se encuentran totalmente deslegitimados por el gobierno, como en el plano provincial como en el municipal. Tenemos que pensar en la integralidad, en una respuesta más articulada, que no sea sólo concejales hablándole a los concejales. Es importante visibilizar que venimos de una militancia territorial. No todos los que conformamos el Concejo vienen de esa militancia, como el caso de la LLA, no tienen desarrollo político en el territorio. Sin embargo, los escuchamos haciendo grandes acusaciones, grandes consignas, por el hecho de la consigna en sí misma. Pero sobre cómo dignificamos la vida de los rosarinos, no encontramos respuestas.

Ingresaste al Concejo con el bloque peronista partido después de las últimas elecciones.

No creo en la idea de que estemos divididos. Tenemos un bloque peronista con Mariano Romero, Pablo Banzo y quien les habla, y conformamos un interbloque con Norma López, Fernanda Gigliani y Leonardo Caruana. Porque fuimos encontrando políticas en común en el Concejo y en el trabajo territorial. El diálogo con Ciudad Futura existe en la institucionalidad; somos concejales en un mismo Concejo, y para eso necesitamos consensuar, tenemos claro quién es el enemigo, quiénes están en la vereda de enfrente, quién es el que hoy está perjudicando nuestro pueblo, y en ese sentido no es Ciudad Futura sino LLA, es claro.

¿Qué creés que le falta a la gestión municipal?

Creo que hay varios elementos, por un lado, la situación estructural en la que hoy la ciudad se encuentra. Salud, transporte público, educación, políticas de género; si tenemos los índices que tenemos tiene que ver con que los dispositivos que hoy tenemos no alcanzan. Estamos en situación de vulnerabilidad de muchas barriadas. Tal vez en el centro no se ve tanto. El punto central tiene que ver con la planificación de la ciudad, entendiendo las prioridades y las manifestaciones de los vecinos. Hoy tenemos un problema con el transporte, no sólo por los costos, sino por sus frecuencias. Imaginate cómo es la situación en los barrios. Hay una cuestión de fondo en la gestión de la intendencia que tiene que ver con la seguridad ciudadana, que no tiene que ver con más policías en la calle sino con una integralidad en la respuesta, tiene que ver con ir a trabajar en condiciones, que el colectivo pase a tiempo, que haya luz en los barrios, que haya agua, calles. Hay una complementariedad de problemas que van haciendo a la seguridad ciudadana. Hay que entender que no podemos pensar en problemas aislados, hay que pensar a los problemas de manera integral para resolverlos. Somos 1 millón de personas, los problemas no pueden ser sectorizados. No es la misma realidad la de Barrio Belgrano que la de Ciudad Oculta, pero hay patrones que se repiten. Otro problema central que hace a las condiciones de los barrios que es la basura, que no es menor por la cantidad de microbasurales, porque no están los recursos necesarios para recorrer toda la ciudad y levantar todos esos basurales que se generan. Al mismo tiempo que estamos en una crisis económica, los contenedores están siendo la fuente de alimentación de muchas familias en situación de calle. Cuando hablamos de la multidimensión que tienen los problemas en Rosario, es cuando se transforma en un circuito de un problema sobre otro. Hay muchas familias en situación de calle cuya fuente de alimento es la basura. Entonces, pensarnos en qué ciudad queremos, pensar cómo resolverle el problema a la gente, no es sólo desde el Concejo, sino entre todos. Eso es lo que venimos aportando. Tenemos la oportunidad de dar una perspectiva que genere mayor inclusión, para debatir, porque no podemos pensarnos aisladamente. Hoy es fundamental el rol de escucha, porque a las políticas no las podemos pensar desde un escritorio, sino que tiene que ser con la comunidad. Como militantes peronistas tenemos la oportunidad de que nuestras voces expresen lo que nuestras vecinas y vecinos vienen denunciando y vienen proponiendo, para encontrar la voluntad política para que esto pueda fluir y concluir en un acuerdo con las diversas fuerzas políticas.