Estamos frente a una tendencia a la no vacunación, al aumento de algunas enfermedades que estaban controladas; crecen los cuadros de enfermedades evitable, de transmisión sexual. ¿Qué visión tiene el profesional de esta coyuntura?, ¿es exclusivo de Argentina o un fenómeno más global?

En el mundo hay una desigualdad que traspasa nuestra frontera, en el mundo hay una gran desigualdad, por ejemplo, África sufre la mayoría de las enfermedades y la mayoría de las muertes. En función de eso el mundo ha adoptado diferentes maneras de encarar y de promover y prevenir enfermedades. Argentina siempre estuvo bien posicionada. Argentina tenía un plan de vacunación vigente, renovable, incorporando nuevas vacunas. Argentina siempre ha educado en materia publicitaria, Argentina ha introducido un montón de debates en materia de salud sexual reproductiva. Pero es verdad que todo eso se fue desgranando, y en el último tiempo lo que vemos es un aumento de las enfermedades de transmisión sexual, una disminución de la vacunación de la población en general. Eso se ve y es bastante heterogéneo. La pandemia dio el golpe de gracia –por las vacunas, por ejemplo- porque la pandemia metió en la discusión científica irrealidades. La gente parangonó lo científico con lo no científico y dijo, “che, lo científico dice esto, pero yo veo que a un pibe se le pegó un imán”. Eso hizo como el golpe de gracia. Pero esto viene sucediendo. Y con las enfermedades de transmisión sexual lo mismo. No es que no veíamos sífilis o gonorrea, pero ahora vemos mucho más.

¿La estadística muestra eso?

La estadística es lo que uno ve en el consultorio. Antes en el consultorio veías determinada cantidad, y ahora ves más. Pero la explicación es multicausal, heterogénea, tiene un comienzo, y el comienzo es este, el comienzo es la falta de educación, la desaprensión por ciertas medidas, el desconocimiento de enfermedades que ya pasaron, entre comillas, que no veíamos pero que están. En el mundo, claro que hay poliomielitis, hay sarampión, se mueren pibes por sarampión, un montón. Y si nosotros relajamos va a llegar acá.

Y el estigma social, sobre todo en enfermedades de transmisión sexual.

Claro, el estigma social como bandera.  Sin dudas.

Además de las dudas respecto de la ciencia que generó la pandemia, en Argentina estamos en un momento de cierto descreimiento en las instituciones, del rol del Estado, promovido desde el propio Estado. Recuerdo en los ’80 cuando a la escuela llegaba un equipo de enfermeros a vacunar al 100% de los alumnos. ¿Qué pasó con eso?

La vacunación, ni punitiva ni coercitiva. La vacunación es colectiva, y lo colectivo hoy es menos valorado. El mundo es más individualista. ¿Para qué te vacuno?, para que no te enfermes, para que no te mueras, pero también para que no se enferme o se muera el de al lado. Si tenemos un mundo híper productivo, híper capitalistas, centrado en la producción de divisas, que concentra las riquezas, y yo te digo “vamos a vacunarte para que al otro no le pase nada”. “¿Y qué me hace la vacuna?”, y si yo no te lo explico, y no lo promociono, por eso digo, ni coercitivo ni punitivo, colectivo. Esto: voy a las escuelas, pero no sólo a ponerte la vacuna. “Chicos, les vamos a explicar a ustedes y a la familia por qué vamos a vacunar, y contra qué vamos a vacunar”. Así funciona, en un mundo que se desgrana. Y este desgrane ya lo hemos vivido, pero esto es terrible. Vamos a tener que luchar, y se lucha con educación.

Respecto a la educación, costó muncho introducir la ESI, como para que ahora se la relativice o se la vuelva a poner en dudas.

Es un gran debate que escucho en todos lados, que ha sido excelente, y vamos a ver los frutos en el futuro. Incluso ahora desconocemos los frutos que vamos a ver a partir de la ESI. En la medicina y en el ámbito científico los debates se dan, pero esto de las vacunas transgredió lo científico para trasladarse en la población.

Pero no de la mejor manera.

¿Hay una industria farmacéutica detrás de las vacunas?, claro, millonaria. Esa es una discusión. Yo soy partícipe de decir: no puedo entender que para las vacunas haya que pagarle a alguien. La industria tiene que investigar, bueno, que la financien los gobiernos, que sea inversión estatal. Pero la realidad es que las vacunas están y hay que utilizarlas. Ese es el complejo que estamos surcando en estos momentos.

¿Y cómo resuena esta situación en Argentina?

Nosotros tenemos transferencia de tecnología. Acá, a groso modo, envasamos. Excepto la ARVAC que la estamos haciendo, envasamos. Se necesita una fuerte inversión para tener soberanía. Pero Argentina no va en ese camino. Argentina va hacia otro camino. Es una discusión que hay que darla, darla en el Congreso, en las calles, pero hay que darla. Lo que no tenemos que discutir es la utilidad o no de las vacunas, donde hay una sociedad científica que las avala fuertemente, con una bibliografía detrás, con experiencias. Parece un poco loco estar hablando de esto.

En el ámbito universitario esa discusión ya está saldada.

No hay dudas. Acá se enseña a favor de las vacunas, en favor de la vida, y a favor de una actitud colectiva. Acá no se dan las discusiones que se dan en un café. Acá las discusiones son: cómo se dieron los diferentes tipos de ensayos científicos, cuál es la población que se afectó, contra qué lo hacemos, cuál es la generación de anticuerpos. Es una discusión científica donde el piso para entrar a discutir es que tenemos probado que las vacunas, junto con el lavado de manos, fueron las dos armas más importantes en el desarrollo de la humanidad. Esa es la base, de ahí discutimos para arriba lo técnico. La base es la vacuna: si no te vacunás te hacés mal vos y le hacés mal al otro.

¿Cómo visualizás esta situación y esta discusión de acá a 10 años?

Me remonto al tema de la edad. Recuerdo el retorno a la democracia, me acuerdo del 2001, me acuerdo de hitos políticos, sociales, económicos. Argentina es impredecible. No es que yo tenga fe. No soy hombre de fe. Soy hombre de esperanza. La esperanza es una cuestión pro positiva que parte de un deseo de que esto esté mejor, y del trabajo diario que uno hace para que esto esté mejor. Yo voy a tender el puente de la esperanza, pro positiva, con mucho laburo, y voy a decir que vamos a estar mejor.