Con una probabilidad cercana al 80%, el fenómeno climático de El Niño podría volver a desarrollarse este año y alcanzar una intensidad fuerte, lo que incrementaría el riesgo de sequías, lluvias intensas y olas de calor tanto en tierra como en los océanos. Así lo advirtió la Organización Meteorológica Mundial (OMM), organismo especializado de la ONU.

Según el informe, el evento podría comenzar a manifestarse entre junio y agosto, un período en el que aumentan las chances de fenómenos meteorológicos extremos en distintas regiones del planeta.

“La evidencia científica es clara: El Niño está en camino y podría intensificar aún más los efectos del calentamiento global, con impactos más severos y de rápida propagación”, señalaron desde la OMM.

Además, el organismo estimó que existe más de un 90% de probabilidad de que el fenómeno se mantenga activo al menos hasta noviembre.

Los datos relevados indican que, entre finales de abril y mediados de mayo, la temperatura de la superficie del mar en el océano Pacífico —zona clave para el monitoreo de El Niño— ya se encontraba en niveles cercanos a los umbrales característicos del fenómeno. Esta situación se ve reforzada por temperaturas subsuperficiales superiores a la media en más de 6 °C.

Alertas y preparación

La secretaria general de la OMM, la científica argentina Celeste Saulo, advirtió sobre la necesidad de prepararse ante un posible episodio de gran magnitud y destacó la importancia de la anticipación.

En ese sentido, explicó que el organismo trabaja junto a distintas instituciones científicas para mejorar los pronósticos y permitir que gobiernos, organizaciones y sectores vulnerables puedan tomar medidas preventivas.

“Los pronósticos estacionales y los sistemas de alerta temprana son herramientas clave para salvar vidas y reducir el impacto en las economías y las comunidades”, sostuvo.

Antecedentes recientes

El último episodio de El Niño se registró entre 2023 y 2024 y fue considerado uno de los cinco más intensos de la historia reciente, contribuyendo a que se alcanzaran temperaturas globales récord.

Por lo general, este fenómeno comienza a desarrollarse entre marzo y junio, alcanza su pico de intensidad entre noviembre y febrero y puede tener efectos a escala global sobre el clima, la producción agrícola y los recursos hídricos.