Casi 50 años después de que la astronauta y física Sally Ride recibiera una recordada consulta sobre si 100 tampones serían suficientes para una misión de seis días en el espacio, una iniciativa científica intentará responder las preguntas que aún siguen sin respuesta sobre la menstruación en condiciones de microgravedad.
La misión, denominada Operación Periodo-01 (OP-01), está prevista para 2027 y viajará a bordo de un vuelo suborbital de Virgin Galactic. Será la primera investigación diseñada específicamente para estudiar cómo afecta el entorno espacial al ciclo menstrual.
El proyecto es impulsado por Operation Period, una organización sin fines de lucro creada por investigadoras de la Generación Z que promueve el acceso universal a productos de gestión menstrual. Ahora, ese objetivo se amplía al ámbito de la medicina espacial.
Una de las integrantes de la misión será Manju Bangalore, cofundadora y directora ejecutiva de la organización. Con formación en física, ingeniería astronómica y bioastronáutica, además de experiencia profesional en la Nasa, la investigadora sostiene que existe una importante falta de información científica sobre la salud menstrual fuera de la Tierra.
Junto con Priya Abiram, Bangalore se convertirá en una de las mujeres más jóvenes de origen surasiático en viajar al espacio.
Una deuda pendiente de la medicina espacial
En la actualidad, muchas astronautas optan por suprimir la menstruación durante las misiones mediante anticonceptivos hormonales o dispositivos intrauterinos. Sin embargo, los especialistas señalan que esto responde, en gran parte, a la escasez de estudios sobre lo que ocurre cuando una persona menstrúa en microgravedad.
Según Bangalore, la información disponible indica que menstruar en el espacio no representa un riesgo conocido, aunque los datos son insuficientes, especialmente pensando en futuras misiones de larga duración o en asentamientos permanentes en la Luna.
La falta de evidencia también dificulta aspectos logísticos, como calcular cuántos productos de higiene menstrual deberían transportarse en cada misión, un factor importante debido a las limitaciones de peso y espacio en las naves.
Aunque el protocolo científico de OP-01 todavía no fue dado a conocer, Virgin Galactic confirmó su apoyo al proyecto y destacó la importancia de generar conocimiento sobre un aspecto de la salud que históricamente recibió poca atención en la investigación espacial.
Un aporte que también beneficiará a la salud en la Tierra
Las impulsoras de la misión sostienen que los resultados tendrán aplicaciones más allá de la exploración espacial. Bangalore recordó que durante años los tampones fueron evaluados en laboratorios utilizando soluciones salinas en lugar de sangre menstrual, una práctica que pudo haber limitado la comprensión del sangrado menstrual abundante, una condición que afecta a millones de mujeres.
La investigadora considera que aún existen importantes vacíos en el conocimiento científico sobre la salud menstrual y que esta misión puede contribuir a reducirlos.
El proyecto comenzó a ganar notoriedad cuando Bangalore difundió en redes sociales un experimento preliminar realizado durante un vuelo parabólico para analizar el comportamiento de los fluidos menstruales en condiciones de ingravidez. La repercusión del video ayudó a instalar el debate sobre la necesidad de desestigmatizar la menstruación.
Las responsables de OP-01 reconocen que el vuelo de 2027 será apenas el primer paso de una línea de investigación más amplia. La intención es realizar nuevas misiones suborbitales y orbitales para ampliar la cantidad de datos disponibles y profundizar el conocimiento sobre la salud menstrual en el espacio.

