LT: ¿Cuántas personas trabajan en el Voluntariado?

DL: Somos alrededor de 70 mujeres. Hace muy poquito incorporamos voluntarias. Ahora están en una instancia de práctica, hasta fin de año.

LT: ¿Qué se les enseña?

DL: Se les enseña a trabajar en el Hospital, lo que sí, lo que no, cómo acercarse a un niño. Justo en este momento están en una jornada que organizó Salud Mental, que es para darnos herramientas para acercarnos a los chicos, cómo vincularnos con ellos.

LT: ¿Cómo hay que acercarse a un chico?

DL: Acercarse a un chico es muy simple. Lo importante acá es el respeto. Los chicos son como los adultos, a veces tienen ganas de hablar, de jugar, que vos le estés al lado, y a veces no tienen ganas. Hay que entrarles de a poquito, ver si tienen ganas de jugar, si quieren hablar con vos. Por eso digo que es importante el respeto, darle a ellos el lugar. Si quiere jugar, jugamos sino, me voy.

LT: Vemos que la tarea de las voluntarias va mucho más allá de recibir y entregar donaciones.

DL: El tema de la ropa, o de las cosas que podamos tener en la salita, queda en segundo plano. El trabajo principal de la voluntaria es acompañar al paciente, a la mamá, a la familia, contenerlos. Hay chicos que no están pasando un buen momento, y es importante poder sacarlos de esa burbuja de cosas malas que le están pasando, y llevarle un libro, un juego, o compartir con él, hablar. Lo mismo con las mamás. Hay mamás que pasan mucho tiempo acá, que a lo mejor tienen otros hijos, y hay familias que no pueden venir todo el tiempo porque tienen que cuidar a esos otros hijos. Están muy solas. Y para el familiar que tiene a su hijo internado, es muy difícil. Entonces, la voluntaria le lleva un poco de alegría, para sacarla de ese momento triste, duro difícil, porque se viven momentos de miedo, de incertidumbre. No importa la gravedad del caso, para cualquier mamá, aunque su hijo tenga 2 puntos de fiebre, te pone mal. Estar es muy importante. No invadir. No nos importa el diagnóstico, lo que nos importa es ayudarlos, tanto a la mamá como al paciente.

LT: Trabajan de frente a la enfermedad, a la soledad, a la falta, a la carencia material. ¿Cómo se afronta el día a día desde el lugar del voluntario?

DL: Yo lo que agradezco es que la gente de Rosario, de los alrededores de Rosario, incluso de otros países –porque tenemos gente que colabora con nosotros desde Uruguay hasta de los EEUU-, que hacen que esto sea posible, que donan juguetes, ropa, elementos de higiene. En el día a día se nos presentan un montón de situaciones, como mamás que vienen y te dicen, “no tengo campera, no tengo pañales”, y estamos para ayudarla, para que no pase ninguna necesidad. Y por otro lado, están las situaciones de familias que, por cualquier situación que los trajo al hospital, los traen con lo puesto, no traen elementos de higiene, y tratamos de ayudarla desde ese lado. Tenemos la suerte de que la gente colabora. Si no tenemos hacemos una campaña y de inmediato la gente responde. La respuesta es inmediata, y es impresionante. Somos muy agradecidas.

LT: Hay confianza en ustedes. Son una marca instalada. La gente sabe que si les donan algo, eso va a donde tiene que ir.

DL: Si. La gente ve el trabajo que hacemos. A veces pienso en la gente que se va, y al tiempo vuelve con el recuerdo de la voluntaria que lo acompañó, que es algo que también nos importa a nosotras, dejar una huellita en ellos, que en el momento que estaban pasando por algo difícil, una señora de delantal verde los acompañó y los hizo salir de ese mundo. Nosotros tenemos una frase que siempre decimos, que nuestro trabajo es que el paso de un niño por el hospital sea lo menos traumático posible.

LT: ¿Se te cruzó en algún momento, por la razón que fuera, decir, hasta acá llegué?

DL: Nunca se me pasó por la cabeza decir, hasta acá llegué. Todas las que estamos acá tenemos una vocación real de servicio. Si no tenés esa vocación de servicio, no la podés mantener en el tiempo. La mayoría de las voluntarias tenemos muchos años acá. Hay voluntarias con más de 30 años de servicio. Nosotras venimos 4 horas por semana. En cada turno siempre somos las mismas voluntarias. Eso hace una complicidad en el trabajo. Terminamos siendo amigas, somos compañeras, cercanas, nos apoyaos entre nosotras mismas. Si me preguntás qué me motiva ser voluntaria, yo te digo que es lo que doy y lo que recibo. Una de las cosas más lindas que puede haber es ayudar a alguien, para mí no hay nada más lindo que ayudar a alguien. Lo que yo recibo, no sé explicarlo, la sonrisa de un nene, un abrazo, que te vean después de meses cuando viene a un control, y “ay, me acuerdo que yo jugué con vos”, o los mensajes que recibimos en redes. No es que necesitemos eso. Es inevitable, es el idea y vuelta. Todo lo que damos es muy importante, pero recibir el abrazo de un nene, o poder sacarlo de ese momento de angustia o de ansiedad, no me deja pensar nunca en que me quiero ir.  Yo, cuando entré, lo primero que dije, nunca voy a entrar a la sala de oncología. Doce años estuve en “onco”. Hubo una paciente trasplantada que pasó por acá, y tiempo después me invitó a su cumpleaños de 15. Y en el video que pasó en la fiesta, estaba yo todo el tiempo. Yo acompañé el proceso de ella y de su trasplante. Ahí caí en lo que realmente hace una voluntaria. A veces no nos damos cuenta de lo que hacemos. A veces miro a mis compañeras y les pregunto, ¿ustedes se dan cuenta de lo que están logrando, se dan cuenta de lo que hicieron? Verme en su cumple de 15, y verla a ella con su vestido de 15, fue una emoción en la que caí en ese momento.