Como su nombre lo sugiere, Coopelav es una lavandería bajo el formato de cooperativa de inclusión sociolaboral, ubicada en calle Tucumán 2807 de Rosario. Todos sus trabajadores están vinculados al Centro Regional de Salud Mental “Dr. Agudo Ávila”.
Su finalidad terapéutica es la de promover la desmanicomialización del paciente, su autonomía económica en un contexto de inserción social y laboral, todo en el marco de la Ley de Salud Mental.
Algunos de sus integrantes pasaron de estar en situación de calle, a ser dueños de su propia cooperativa, previo a un curso de capacitación de seis meses, todo en el marco del programa “Germinando. Una economía de transición”, iniciativa del Ministerio de Igualdad y Desarrollo Humano de la Provincia de Santa Fe.
Coopelav cuenta hoy con once socios/as pacientes del Agudo Ávila, seis socios de apoyo por parte del Estado, entre los que se encuentran acompañantes terapéuticos, trabajadoras/es sociales y abogados. El proyecto que arrancó en el 2023, brinda servicios de lavandería a vecinos, comunidad universitaria, y han conseguido convenios con hoteles y restaurantes de la ciudad.
Cesar Castillo (acompañante terapéutico y socio), José Luis y Tito (pacientes del Agudo Ávila y socios desde el día cero), recibieron en el local de Cloopelav a La Tarima, sin ocultar su agradecimiento hacia quienes intentan difundir su empresa. (En este caso, la expresión “difundir desinteresadamente” no cuenta, porque hay aquí un interés manifiesto en que estas acciones de inclusión real merezcan toda la difusión posible).
Sobre el vínculo con los clientes, José Luis celebra: “Tenemos una muy buena relación, sino, no tendríamos tanta clientela fija. El 90% de los clientes vienen siempre, los pudimos conservar en el tiempo”. Para él, este rol representa un nuevo y mejor lugar en el mundo. “Yo no tenía trabajo. Hoy tengo un trabajo fijo que ayuda un montón. Estoy muy agradecido de lo que se está viviendo en la lavandería, donde hemos mejorado bastante, además de que esto ayuda a mi economía”.
Por su parte, Tito sintetiza las tres principales tareas: “Lavado, doblado, y entrega de la caja. Esas tareas se reparten, y los 11 socios van rotando durante la semana, con días y horarios. Usamos productos muy buenos, la gente dice que el perfume le gusta mucho, y cómo dejamos las camisas”. Aprovecha la entrevista para informar sobre los precios: “Tenemos un valet de 5 kilos que sale $8.000, accesible para el bolsillo, cuando en otras lavanderías está a otro precio”.
Inevitablemente, surge el tema de la carga simbólica que puede circular en el imaginario social en torno a un paciente psiquiátrico. “Desde el 2014 –continúa Tito- estoy en el Agudo Ávila donde me diagnosticaron psicosis. Estuve varios años deprimido y sin trabajo. Después, con tratamiento con la psicóloga, la psiquiatra y la trabajadora social, fui saliendo adelante. Hasta que en un momento salió el tema de la lavandería y la posibilidad de que yo participara. Estoy hace tres años, cada mes vamos mejorando en calidad del trabajo, en calidad de gente, y económicamente”, tanto para él como para su esposa, quien también participa del proyecto. “Estamos contentos los dos”. Además, “se ha formado un grupo humano, todos con distintas patologías, pero nos apoyamos y nos comprendemos”.
A su turno, Cesar pone el énfasis en la palabra cooperativa: “No es un mote cualquiera. Habla de cierta forma de organizar el trabajo, y de pensar en la repartición de la riqueza, y de su generación. Toda decisión se hace de manera asamblearia; la palabra circula, y la tarea se reparte de acuerdo a la particularidad o al gusto de cada trabajador”.