La proliferación de contenidos generados mediante inteligencia artificial está provocando un fuerte impacto en los entornos digitales. Actualmente, las principales plataformas lidian con una avalancha constante de imágenes y videos automatizados, fenómeno conocido en la comunidad online como “AI Slop” o contenido basura.
Un reciente informe de la plataforma de edición Kapwing puso el foco en TikTok y reveló un dato contundente: el 59% de los videos que circulan en esa red social corresponden a este tipo de material automatizado de baja calidad.
Para llegar a esta conclusión, el estudio analizó en detalle más de 10.000 videos pertenecientes a las veinte categorías más populares de la aplicación. Además, se examinaron las primeras 500 recomendaciones que el algoritmo ofrece en la sección “Para ti” a cuentas recién creadas.
La preocupación de los especialistas crece al detectar que la mayor presencia de este contenido se concentra en espacios dirigidos al público infantil. Por ejemplo, el relevamiento mostró que en la etiqueta #CartoonKids, 97 de cada 100 publicaciones fueron generadas con inteligencia artificial, dejando apenas un 3% de contenido con intervención humana.
En contraste, otras plataformas audiovisuales presentan cifras menores. Estudios previos indican que en YouTube, los contenidos automatizados representan alrededor del 21% del total.
Pese a este escenario, los expertos en tecnología señalan que la configuración de las cuentas puede influir en la calidad del contenido que se consume. El informe destaca que los perfiles sin historial de navegación tienden a recibir menos material de este tipo, lo que sugiere que los algoritmos cuentan con herramientas para limitar su exposición.
El término AI Slop surge a partir del crecimiento y la masificación de la inteligencia artificial generativa. La palabra “slop”, en inglés, refiere a algo sin valor, y se utiliza para describir textos, audios, imágenes y videos producidos en masa con el objetivo de manipular algoritmos y generar clics.
Este tipo de contenido se caracteriza por su producción industrial y la falta de rasgos humanos. Quienes lo difunden suelen publicar en grandes volúmenes, apostando a que alguna pieza logre viralizarse. Por eso, referentes del sector tecnológico ya lo consideran una nueva forma de spam.
La problemática no se limita a plataformas de entretenimiento. Redes de perfil profesional como LinkedIn también enfrentan esta creciente ola de automatización y comenzaron a implementar estrategias para detectar y eliminar publicaciones generadas artificialmente.

