La reconocida cineasta salteña fue distinguida por la Universidad Nacional de Rosario por su trayectoria artística y su aporte al lenguaje audiovisual. Durante la ceremonia, habló sobre su última película, Nuestra tierra, y reflexionó sobre cómo una obra cinematográfica puede comenzar mucho antes de su rodaje y generar procesos de transformación en la sociedad.
“Cuesta no empantanarse en ese mundo de la industria del entretenimiento”. La frase de Lucrecia Martel sintetizó parte de la mirada que la cineasta compartió durante el acto en el que recibió el título de Doctora Honoris Causa de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).
El reconocimiento se realizó el sábado 8 de agosto en el Espacio Cultural Universitario (ECU), en una ceremonia que puso en valor no solo la trayectoria de una de las directoras más influyentes del cine contemporáneo, sino también su particular manera de observar, escuchar y pensar la realidad.
“Uno solo sabe que lo que está haciendo tiene sentido cuando los demás se pueden sentir bien con eso y es lo que le da sentido a mi trabajo, pero también a mi vida”, expresó Martel al agradecer la distinción.
Lucrecia Martel y una conferencia sobre cuándo empieza una película
Luego de recibir el reconocimiento, Martel brindó una conferencia magistral titulada Cuándo empieza y cuándo termina una película. Como suele ocurrir en sus intervenciones públicas, la cineasta eligió un camino poco convencional para abordar el tema.
Comenzó hablando de sus perros pila y del amor que siente por ellos. Incluso aclaró que sus cuatro perros están vivos, una precisión que provocó risas entre quienes asistieron al auditorio.
A partir de allí, Martel reflexionó sobre el lenguaje y la necesidad de construir sentidos de manera colectiva.
“Para todo uso de las palabras, para ajustar lo que queremos decir, necesitamos conversar, no hay otra posibilidad, porque el consenso no se percibe de manera automática, se persigue, con bastante dificultad”, sostuvo.
Nuestra tierra: una película que comenzó en su infancia
Uno de los momentos centrales de la conferencia fue cuando Martel se refirió a Nuestra tierra, su producción más reciente, que volvió a proyectarse el domingo por la tarde en Cine El Cairo ante una sala desbordada de público.
La directora explicó que, para ella, el origen de una película no necesariamente coincide con el momento en que comienza su producción.
Al recordar cuándo empezó a gestarse Nuestra tierra, viajó hasta su infancia, cuando recorría junto a su familia la cuesta del Obispo, en Salta.
“Había una parte donde mi mamá nos señaló unos vestigios en los cerros y nos señaló: ‘Por ahí va el camino del Inca’”, recordó.
Martel explicó que aquella experiencia fue la primera vez que tomó conciencia de que existían caminos diferentes de las rutas que recorría habitualmente.
“Tuve conciencia de saber que había caminos que no eran la ruta por donde íbamos, y que eran del Inca, y que hacían un trazado distinto”, relató.
A partir de esa experiencia comenzó a comprender que existían dos mapas superpuestos, uno correspondiente al presente y otro perteneciente a una historia anterior que había quedado atravesada por el trazado contemporáneo.
Del asesinato de Javier Chocobar al nacimiento de Nuestra tierra
Otro de los momentos que Martel identificó como parte del largo proceso que desembocó en Nuestra tierra fue la difusión del video del asesinato de Javier Chocobar.
Posteriormente, comenzó a compartir con el equipo del documental y con amigos de distintas partes del mundo conversaciones en torno a la posibilidad de realizar una película centrada en la comunidad Chuschagasta.
“Todo ese proceso estalló cuando fuimos a la comunidad y entramos en contacto”, explicó.
El encuentro con las personas que habían perdido a un ser querido transformó aquellas marcas que había identificado en su recorrido personal en situaciones concretas y urgentes.
Según relató, incluso el proceso judicial terminó formando parte de esa construcción.
“En el juicio, para los jueces, empezó la película, mientras estábamos ahí”, señaló.
Y explicó que cuando una persona pone el foco sobre un determinado tema y logra que otros también se interesen, puede comenzar un proceso de transformación.
“Cuando uno pone el foco sobre algo, y arrastrás a otras personas a interesarse por un tema, empieza un pequeño proceso de transformación del mundo”, afirmó.
Por qué la UNR distinguió a Lucrecia Martel
El Doctorado Honoris Causa es la máxima categoría honorífica que concede la Universidad Nacional de Rosario y, en este caso, reconoce el aporte excepcional de Martel al lenguaje audiovisual y su contribución a la reflexión sobre las complejidades sociales, culturales y políticas contemporáneas.
A través de una obra que modificó las formas de narrar y representar la realidad latinoamericana, la cineasta se consolidó como una referencia del cine mundial.
“Es un acto de estricta justicia que la Universidad Nacional de Rosario le entregue a Lucrecia el Doctorado Honoris Causa, que es el título honorífico más relevante del sistema universitario público”, destacó el rector de la UNR, Franco Bartolacci.
Desde su ópera prima, La ciénaga, hasta su producción más reciente, Nuestra tierra, pasando por películas como La niña santa, La mujer sin cabeza y Zama, Martel construyó una filmografía que aborda las relaciones de poder, las desigualdades, los vínculos comunitarios y los mecanismos mediante los cuales se construyen y disputan los sentidos que organizan la vida social.
“En su obra, en su hacer, en su voz, en todo lo que estamos poniendo en valor, también estamos contando y diciendo qué UNR, qué humanidad y qué país queremos”, agregó Bartolacci.
El reconocimiento de la Facultad de Ciencia Política
Durante la ceremonia también intervino la decana de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Cintia Pinillos, quien ejerció el madrinazgo de Martel durante el reconocimiento.
Pinillos destacó la capacidad de las películas de la realizadora para interpelar a la sociedad y generar nuevas preguntas.
Según sostuvo, en la obra de Martel “lo que es cercano se vuelve universal”, una característica que, a su entender, forma parte de la potencia de una voz cinematográfica única y capaz de generar puntos de encuentro entre experiencias diversas.
El reconocimiento fue impulsado por la docente de la Licenciatura en Comunicación Social Cecilia Pelliza, quien estuvo a cargo de la laudatio durante la ceremonia.
“El honor es una cualidad que se define en comunidad. Es una comunidad la que reconoce como honorables a aquellas personas en quienes encuentra un horizonte para su propio obrar”, sostuvo Pelliza.
“Este acto consiste, sobre todo, en agradecer una forma de estar en el mundo que vuelve más hospitalaria la vida colectiva y ensancha el pensamiento”, agregó.
La trayectoria internacional de Lucrecia Martel
Además de su trabajo como directora y guionista, Martel desarrolló una importante actividad docente en universidades, escuelas de cine e instituciones culturales de distintos países.
Sus seminarios y talleres sobre guion, dirección y diseño sonoro como herramienta narrativa se convirtieron en espacios de referencia para generaciones de estudiantes, investigadores y realizadores.
Su obra también fue reconocida en los principales festivales internacionales.
La ciénaga recibió premios y distinciones en festivales como Sundance, Berlín, Toulouse y La Habana. La niña santa fue nominada a la Palma de Oro del Festival de Cannes, mientras que La mujer sin cabeza también formó parte de la selección oficial del certamen francés.
Una distinción vinculada al pensamiento crítico
Los fundamentos de la resolución aprobada por el Consejo Superior de la UNR destacan la capacidad de la producción artística de Martel para intervenir en los procesos de construcción de sentido que organizan la vida social.
Sus películas cuestionan discursos dominantes, ponen en primer plano aquello que suele permanecer fuera de campo y proponen nuevas maneras de mirar, escuchar y comprender la realidad.
Desde esa perspectiva, la Universidad destacó que el cine de Martel demuestra que comunicar no consiste únicamente en transmitir información, sino también en generar las condiciones para que aparezcan nuevas preguntas, sensibilidades y formas de encuentro con los demás.
La distinción busca así reconocer una trayectoria que amplió los horizontes del pensamiento crítico, la cultura democrática y la producción de conocimiento, valores que la UNR reivindica como parte de su compromiso con la sociedad.