Escuchar música mientras se estudia es una práctica extendida entre estudiantes universitarios, pero sus efectos están lejos de ser universales. Un estudio de la Universidad Edith Cowan concluyó que, mientras para algunos favorece la concentración, para otros se convierte en una fuente de distracción.

La investigación, publicada en la revista Psychology of Music, señala que el impacto de la música depende en gran medida de la relación personal que cada estudiante mantiene con ella. Quienes suelen incorporarla en su rutina tienen más probabilidades de experimentar beneficios, mientras que otros la perciben como un obstáculo para el aprendizaje.

El trabajo incluyó a más de 220 estudiantes universitarios y analizó cómo y por qué utilizan la música durante la lectura académica. El 54% de los encuestados afirmó que escucha música de manera habitual mientras estudia, principalmente para motivarse, mejorar la concentración o aislarse del ruido ambiental. En contraste, el 46% prefiere el silencio.

Entre quienes optan por estudiar con música, la mayoría reportó mejoras tanto en su capacidad de concentración como en el disfrute de la lectura, aunque los beneficios varían según cada caso.

Uno de los hallazgos centrales es que factores como la memoria de trabajo o la tendencia a distraerse no son determinantes en este aspecto. En cambio, la clave parece estar en el grado de conexión emocional y hábito con la música: cuanto mayor es este vínculo, mayor es la probabilidad de que la experiencia resulte positiva.

En cuanto a las preferencias, los géneros más elegidos para estudiar son la música clásica (48%), el rock (33%) y el pop (18%). También se destaca una inclinación por la música instrumental: si bien el 64% prefiere canciones con letra para tareas simples, solo el 22% las elige durante la lectura.

El ritmo también influye. Más de la mitad de los participantes (54%) opta por música lenta al estudiar, mientras que apenas un 5% la selecciona para tareas más sencillas. En contextos ruidosos, la música suele cumplir un rol de barrera frente a las distracciones externas.

Además, el estudio identificó un componente emocional relevante. Casi medio centenar de participantes señaló que utiliza la música para gestionar el estrés y regular el estado de ánimo durante el estudio, con efectos como la reducción de la ansiedad o la mejora del bienestar general.

Para la investigadora principal, Lindsey Cooke, estos resultados refuerzan la idea de que no existe una fórmula única. De hecho, el 86% de quienes evitan la música considera que interfiere con su rendimiento, mientras que el 57% de quienes la utilizan asegura que les ayuda a concentrarse.

En una próxima etapa, la Universidad Edith Cowan avanzará con estudios experimentales para medir el impacto de la música en la comprensión lectora bajo distintas condiciones. El objetivo es obtener evidencia más objetiva que complemente las percepciones recogidas hasta ahora.

En definitiva, los resultados advierten que los consejos generales no siempre resultan efectivos: cada estudiante debe evaluar si la música mejora su desempeño o, por el contrario, lo dificulta.