Por Byung-Chul Han (*)

En esta era dominada por el imperativo del rendimiento constante, la siesta emerge como un gesto profundo de resistencia. Dormir bajo la luz del día no representa pereza alguna sino una afirmación soberana del cuerpo contra la explotación voluntaria del yo. Mientras el sujeto contemporáneo se somete a la optimización incesante la siesta restaura un vacío fértil donde el pensamiento puede al fin respirar lejos de la tiranía de la productividad.

La fiesta por su lado trasciende con creces cualquier evento calculado o diversión programada por los algoritmos. Ella encarna un exceso generoso que rompe la repetición narcisista del mismo y abre espacio para el encuentro auténtico con el otro. En esa celebración desmedida la negatividad reprimida se libera como alegría compartida y como un derroche del tiempo que desafía toda lógica de rentabilidad.

Reclamemos más siesta para recuperar la capacidad de pensar y más fiesta para habitar verdaderamente la vida. Frente a la transparencia que devora toda intimidad y a la positividad tóxica que nos agota defendamos el derecho a la sombra al sueño y a la celebración inútil. Solo así podremos habitar el mundo en lugar de simplemente optimizarlo.

 

(*) Byung-Chul Han nació en Corea del Sur en 1959. Destacado filósofo y ensayista, profesor de la Universidad de las Artes de Berlín, conocido mundialmente por su crítica al neoliberalismo, la sociedad del rendimiento, la hiperconexión digital y la cultura del cansancio.