El libro ¿Seguiremos trabajando? Educación tecnológica o convulsión social (Dunken, 2026), de Adrián Choren junto a Eduardo Gallardo, invita a reflexionar sobre un presente atravesado por la cuarta revolución industrial y un escenario global marcado por la incertidumbre. En ese marco, el autor propone pensar los vínculos entre trabajo, tecnología y educación desde una perspectiva humanista.
Consultado sobre si el título del libro requiere una respuesta cerrada, Choren sostuvo que la cuestión está abierta y que el futuro depende de las decisiones actuales. Explicó que los cambios tecnológicos se inscriben en una continuidad histórica de las revoluciones industriales que transformaron de manera profunda la vida social, laboral, educativa y cultural. En ese sentido, recordó estimaciones del FMI que indican que “de acá al 2030 se transformarán o reemplazarán el 40% de los empleos mundiales”, lo que anticipa un impacto significativo en el mundo del trabajo. También señaló que esta nueva etapa se distingue por su velocidad y por la capacidad de generar “inteligencia”, y mencionó debates en torno a la posibilidad de un Ingreso Básico Universal como respuesta a la disrupción laboral.
Al ser consultado sobre la articulación entre derecho laboral y tecnología, el autor explicó que su interés surge de la preocupación por el desarrollo de la inteligencia artificial sin marcos regulatorios adecuados. Señaló que este escenario puede generar problemas como la discriminación algorítmica en procesos de selección laboral, incluso en sistemas automatizados de filtrado de currículums. En ese contexto, afirmó que el derecho debe establecer límites éticos, sosteniendo la idea de que “la tecnología es solo un medio mientras que el ser humano es el fin”. Asimismo, mencionó iniciativas y debates recientes en distintos ámbitos internacionales que abordan la necesidad de regular la inteligencia artificial en relación con el trabajo.
En relación con la disyuntiva entre educación tecnológica y posible “convulsión social”, Choren explicó que la educación es clave para evitar escenarios de crisis. Sostuvo que los sistemas educativos actuales no logran adaptarse al ritmo del cambio tecnológico, y utilizó una metáfora para describir esa brecha: “la tecnología sube por ascensor, mientras que los sistemas de formación global van por escalera”. Advirtió que, de no producirse una transformación profunda en la educación, podría generarse una fuerte desocupación tecnológica. En su análisis, mencionó también la idea de que el trabajo humano podría volverse prescindible si la tecnología avanza sin regulación ni adaptación social.
Respecto de la situación de Argentina y América Latina frente a esta transición, el autor planteó que el debate debe abordarse desde el diálogo social entre Estado, sindicatos y empresas, en línea con los principios de la Organización Internacional del Trabajo. Destacó que en foros internacionales se discuten temas como el trabajo en plataformas y el impacto de la inteligencia artificial. Además, subrayó la importancia de fortalecer la infraestructura científica y tecnológica del país, mencionando instituciones como el INTI, el INTA, la CNEA y el SEGEMAR. En su visión, el futuro del empleo se vincula a tres grandes ejes: la empleabilidad verde, la economía del conocimiento y la economía del cuidado. En ese sentido, afirmó que “el trabajo será humano o no será”.
En su rol como docente universitario, Choren sostuvo que el paradigma tradicional de formación y empleo ha cambiado radicalmente. Señaló que hoy es imprescindible una actualización constante del conocimiento debido al impacto de la inteligencia artificial. En ese marco, comparó el rol del docente con la figura del “Sensei” en la cultura japonesa, como transmisor de experiencia y guía para las nuevas generaciones.
Consultado sobre el marco jurídico laboral, el autor consideró que los sistemas legales aún se encuentran en proceso de adaptación frente a los cambios tecnológicos. Planteó interrogantes sobre la aplicación de derechos constitucionales en escenarios mediados por algoritmos, como la posible figura de un “jefe algoritmo” o la responsabilidad ante sus errores. En ese sentido, advirtió que la legislación aún no ha logrado acompañar plenamente la velocidad de estas transformaciones.
En cuanto al impacto de su formación técnica en electrónica, Choren señaló que su doble perspectiva —técnica y jurídica— le permitió comprender mejor los límites del reemplazo tecnológico del trabajo humano. Consideró que los oficios recuperarán relevancia en el corto y mediano plazo, ya que los robots humanoides aún no alcanzan a sustituir plenamente muchas tareas. Recordó además un ejemplo personal incluido en su libro, vinculado a su abuela, a quien representa en la figura de “Carmen”, como símbolo de la experiencia humana frente a la tecnología. En ese contexto, afirmó: “Lo viejo funciona”.
Finalmente, al referirse al sentido del trabajo en el contexto actual, Choren definió al trabajo como un espacio de dignidad, propósito y comunidad. Explicó que estos tres pilares pueden verse afectados por los cambios tecnológicos, pero sostuvo que siguen siendo fundamentales. En su reflexión final, retomó una idea central de su pensamiento al afirmar que “el trabajo será humano o no será”, y planteó, en línea con Viktor Frankl, la pregunta sobre el sentido último de la tecnología: si está orientada a construir o a destruir, dejando esa respuesta abierta a la responsabilidad colectiva.

