El gigante helado de la Patagonia argentina acaba de encender todas las alarmas en la comunidad científica internacional. Durante un lapso de apenas cien días, el glaciar Perito Moreno registró un drástico retroceso de 910 metros respecto a la península de Magallanes, superando ampliamente la marca histórica de 1899, cuando la masa acumuló una retracción de 750 metros.

Monitoreos constantes mediante vuelos de drones confirmaron que, entre fines de febrero y principios de junio, el campo de hielo perdió 0,65 kilómetros cuadrados de superficie. Sumado a la merma del verano austral previo, el monumento natural redujo su masa en 1,46 kilómetros cuadrados en un período vertiginoso.

La clave técnica: la pérdida de la morena subacuática

Según explicó Luciano Bernacchi, referente del centro de monitoreo Glaciarium, la estructura helada perdió contacto definitivo con una elevación de rocas sumergida en el fondo del Lago Argentino. Este banco de sedimentos o morena, situado a 60 metros de profundidad frente a los 160 metros del lecho lacustre, funcionaba históricamente como un freno natural que contenía el avance de la masa.

Entre los principales factores que explican este fenómeno se destacan:

  • Desconexión del lecho rocoso: al perder el soporte subacuático que el hielo empujó durante siglos, la estructura pierde estabilidad y acelera sus desprendimientos frontales.
  • Aceleración de las tasas de pérdida: la velocidad de retroceso frontal pasó drásticamente de un promedio de 0,34 metros anuales (entre 2000 y 2019) a 5,5 metros por año entre 2019 y 2024.
  • Factores climáticos y topográficos: la combinación de las temperaturas ambientales y la profundidad del canal potencian el ritmo de colapso en la cuenca.

Un símbolo nacional en el Parque Nacional Los Glaciares

Durante décadas, el Perito Moreno representó una rareza a nivel mundial por mantener un equilibrio dinámico casi perfecto, con variaciones menores a los 50 metros entre 1999 y 2013. Su reciente retracción altera profundamente el paisaje de las más de 700.000 hectáreas protegidas del Parque Nacional Los Glaciares.

Más allá de su valor paisajístico y turístico —sostenido bajo estrictos protocolos de conservación y guías especializadas—, el flujo hídrico de la masa helada resulta vital para abastecer cuencas y sostener la biodiversidad de la región, protegiendo a especies autóctonas como el huemul, el guanaco y el cóndor andino. Los investigadores anticipan que la retracción continuará hasta que el hielo logre apoyarse sobre un nuevo basamento rocoso, marcando el fin de una era de estabilidad en la Patagonia.