Transitamos el cierre de un Mundial 2026 apasionante, donde se batieron innumerables récords, pero no hubo sorpresas. Se podría decir que Inglaterra y Argentina se sumaron a los dos favoritos: Francia y España. Acá se define el campeonato, entre cuatro excampeones. En lo futbolístico, cero revelaciones y muchas decepciones.
Y como si no nos alcanzara el dramatismo luego de revertir resultados y definir los partidos increíbles sobre la hora, nos cruzamos -ni más ni menos- contra Inglaterra en una semifinal mundialista.
“El deporte no es la guerra”, anticiparon los Veteranos de Malvinas en un comunicado. “Es un partido, no busquemos otra cosa”, dijo el DT argentino en conferencia de prensa. Pero con Inglaterra, siempre hay otra cosa.
Para ambas selecciones –y países- es un “encuentro” especial. Desde Malvinas hasta la “Manos de Dios”. Desde la expulsión de Ratín en el Mundial de Inglaterra contra los locales, hasta las invasiones inglesas. Condicionantes que lo atraviesan todo. Coincidentemente, para esta fecha pero de 1982, volvían a la Argentina nuestros soldados, derrotados, heridos, escondidos y silenciados. En nuestro inconsciente colectivo yace esta injusticia, y ya no es el turno de otra guerra, sino el de un partido de fútbol el que puede ofrecer algo de equilibrio y de justicia al sistema. Algo.
“¡Vamos eh, vamos que estos hijos de puta nos mataron a nuestros pibes, a nuestros amigos y vecinos!”, le dijo Maradona a sus compañeros antes del encuentro con Inglaterra en México 86. Todo quedó en la arenga, y en la cancha: por un lado, el gol con la mano que los ingleses jamás perdonaron, y por el otro, la jugada inolvidable del “barrilete cósmico” que hizo que el mundo se rindiera a los pies de Diego.
Seguramente en el círculo central, el miércoles 15 de julio a las 16, Lio Messi y Harry Kane le muestren al mundo un cálido saludo, porque entre los buenos se respetan, pero sabiendo que no es un partido más, para nadie. El mundo lo espera. En Irlanda se agotaron las remeras de Argentina.
El historial entre ambos en los mundiales está 3 a 2 en favor de los británicos. Dato intrascendente hoy. Por sensaciones, historia, países y contexto, es un partido único. “El que no salta es un inglés”. El del miércoles es un encuentro en el que no importa cómo se juega, sólo importa ganar, para ambos países. Si uno pudiera elegir qué partido no quiere perder, es este. Y los que no lo entienden así, que esperen hasta el pitazo final para darse cuenta de ello.