El tabaquismo continúa siendo la principal causa de enfermedades y muertes prevenibles a nivel mundial, con un impacto estimado de 8 millones de fallecimientos, según la American Lung Association.

El humo del cigarrillo contiene más de 7.000 sustancias químicas, de las cuales al menos 69 son cancerígenas. De acuerdo con la entidad, fumar es responsable de cerca del 90% de las muertes por cáncer de pulmón y del 80% de los casos fatales vinculados a la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), que incluye patologías como el enfisema y la bronquitis crónica.

En este contexto, un estudio reciente sugiere que la actividad física puede convertirse en una herramienta útil para reducir el consumo de tabaco. Se trata de una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Journal of Sport and Health Science, que analizó 59 ensayos clínicos con más de 9.000 participantes.

Los resultados indican que una sola sesión de ejercicio, de entre cinco y 30 minutos, puede disminuir de manera inmediata el deseo de fumar, con efectos que se extienden al menos durante media hora después de la actividad.

No obstante, los investigadores señalaron que los tratamientos farmacológicos y las intervenciones digitales presentan un mayor impacto, por lo que el ejercicio debe considerarse como un complemento y no como un reemplazo de las terapias tradicionales.

Según el análisis, la actividad física se asocia con mejoras moderadas en la reducción del consumo de cigarrillos y con una “supresión aguda” de los antojos, lo que refuerza su valor como herramienta conductual de bajo riesgo para dejar de fumar.

A pesar de una disminución global en las últimas décadas, el tabaquismo sigue siendo frecuente: en 2020, alrededor del 32,6% de los hombres y el 6,5% de las mujeres en el mundo fumaban.

El ejercicio aeróbico, el más efectivo

El estudio identificó un patrón claro: cuanto mayor es la intensidad del ejercicio, mayor es la reducción del deseo de fumar. La actividad de alta intensidad mostró los mejores resultados, seguida por la moderada, mientras que la de baja intensidad tuvo efectos limitados.

Entre las distintas modalidades, el ejercicio aeróbico —como caminar a paso rápido, andar en bicicleta, nadar o trotar— fue el que presentó evidencia más consistente para favorecer la abstinencia.

Otras prácticas, como el entrenamiento de fuerza, el yoga o las rutinas mixtas, también mostraron beneficios, aunque con menor respaldo científico debido a la cantidad limitada de estudios disponibles.

Efectos inmediatos y sostenidos

El trabajo también destacó que incluso sesiones breves pueden generar un impacto significativo. Actividades de entre cinco y 30 minutos lograron reducir de forma marcada las ganas de fumar inmediatamente después de su realización, con efectos que perduran al menos 30 minutos.

Este recurso puede resultar útil en momentos críticos, como después de comer, al salir del trabajo o en situaciones de estrés. En esos casos, caminar durante 10 o 15 minutos se asoció con una disminución notable del impulso de fumar.

Los investigadores explican este fenómeno por cambios biológicos: el ejercicio favorece la liberación de dopamina, serotonina y opioides endógenos, al tiempo que reduce el cortisol. Estos efectos impactan en los circuitos cerebrales de recompensa, vinculados a la adicción a la nicotina.

A mediano plazo, quienes incorporaron actividad física regular tuvieron un 15% más de probabilidades de mantenerse sin fumar y un 21% más de chances de no haber consumido cigarrillos en la semana previa a una evaluación.

Además, el consumo diario se redujo en promedio en dos cigarrillos, un descenso que, aunque moderado, se asocia con menores riesgos cardiovasculares y oncológicos.

El ejercicio también aporta beneficios adicionales en el proceso de abandono del tabaco: ayuda a controlar el aumento de peso, mejora el estado de ánimo y la calidad del sueño, y favorece la salud cardiometabólica. Asimismo, contribuye a reducir síntomas de ansiedad y depresión, frecuentes en quienes intentan dejar de fumar.

En conjunto, los resultados refuerzan la idea de que la actividad física puede desempeñar un rol importante como apoyo en las estrategias para abandonar el tabaquismo.