Cada 7 de agosto la Iglesia Católica celebra el Día de San Cayetano, una de las festividades religiosas más convocantes de la Argentina. Miles de personas se acercan a parroquias y santuarios para agradecer o pedir por el trabajo, el pan y la prosperidad, en una tradición que se mantiene vigente desde hace décadas y que tiene su mayor expresión en el santuario de Liniers, en la ciudad de Buenos Aires.

Considerado el patrono del pan y del trabajo, San Cayetano es una figura profundamente vinculada a la solidaridad y al acompañamiento de quienes atraviesan dificultades económicas. Su ejemplo de servicio hacia los más necesitados hizo que su devoción trascendiera generaciones y continúe siendo una referencia para millones de fieles.

Quién fue San Cayetano

Cayetano de Thiene nació el 1° de octubre de 1480 en la ciudad de Vicenza, al norte de Italia. Provenía de una familia acomodada y estudió Derecho en la Universidad de Padua antes de trasladarse a Roma, donde llegó a desempeñarse como secretario privado del papa Julio II.

Tras la muerte del pontífice decidió abandonar su carrera política para dedicarse plenamente a la vida religiosa. Fue ordenado sacerdote en 1516 y fundó el Oratorio del Amor Divino y la Orden de Clérigos Regulares Teatinos, una congregación orientada a la oración, la austeridad y el servicio a los sectores más vulnerables.

Renunció a sus bienes materiales y dedicó gran parte de su vida a asistir a personas pobres y enfermas. También promovió los llamados Montes de Piedad, instituciones que brindaban préstamos sin recurrir a prácticas usurarias, con el objetivo de ayudar a quienes atravesaban dificultades económicas.

Durante la época de la Reforma Protestante dejó una de sus frases más recordadas: “Lo primero que hay que hacer para reformar a la Iglesia es reformarse uno a sí mismo”.

San Cayetano murió el 7 de agosto de 1547. Fue beatificado décadas más tarde y finalmente canonizado en 1671 por la Iglesia Católica.

Por qué es el santo del pan y el trabajo

Aunque la devoción a San Cayetano nació en Italia, su identificación como patrono del pan y del trabajo adquirió especial fuerza en la Argentina.

Durante la década de 1930, en plena crisis económica mundial y con altos niveles de desempleo, el sacerdote Domingo Falgioni impulsó su culto entre los trabajadores. Fue entonces cuando comenzó a difundirse la imagen del santo sosteniendo al Niño Jesús y una espiga de trigo, símbolo que terminó de asociarlo definitivamente con el trabajo y el alimento cotidiano.

Desde entonces, cada 7 de agosto miles de personas participan de peregrinaciones para agradecer por un empleo, pedir nuevas oportunidades laborales o rezar por quienes atraviesan dificultades económicas.

Una tradición que convoca a miles de fieles

La celebración de San Cayetano se replica en parroquias y capillas de todo el país, aunque el Santuario de San Cayetano, ubicado en el barrio porteño de Liniers, concentra la mayor cantidad de peregrinos.

Cada año, miles de personas hacen largas filas para ingresar al templo, participar de las misas y recibir la tradicional estampa con la oración del santo, renovando una tradición de fe que se mantiene viva desde hace más de ocho décadas.