Un estudio de gran escala reveló que dormir demasiado poco o en exceso puede acelerar el envejecimiento del organismo. La investigación, publicada en Nature y basada en datos de 500.000 personas, concluyó que el rango de descanso más saludable se ubica entre 6,4 y 7,8 horas por noche.
El trabajo analizó 23 indicadores conocidos como “relojes biológicos”, que permiten medir la edad funcional de distintos órganos más allá de la edad cronológica. A partir de esos datos, los científicos detectaron que tanto dormir menos de seis horas como superar las ocho se asocia con un deterioro más rápido de sistemas clave como el cerebro, el corazón y el hígado.
La llamada edad biológica —que refleja el estado real de células y tejidos— puede verse influida por múltiples factores, entre ellos la genética, la alimentación, el estrés y, especialmente, la calidad del sueño. En este sentido, los resultados muestran que el descanso tiene un impacto directo en cómo envejece el cuerpo.
El análisis evidenció que la falta de sueño genera consecuencias generalizadas: se vincula con enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes tipo 2, obesidad, trastornos renales y problemas de salud mental como depresión y ansiedad. También puede aumentar el riesgo de deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas.
En el extremo opuesto, dormir más de lo recomendado afecta principalmente al cerebro. Los investigadores encontraron asociaciones con trastornos como depresión mayor, esquizofrenia, trastorno bipolar y TDAH, aunque aclararon que en muchos casos el exceso de sueño podría ser un síntoma de condiciones preexistentes más que una causa directa.
Otro dato relevante es el impacto en la mortalidad: quienes duermen menos de seis horas presentan un 50% más de riesgo de muerte por cualquier causa, mientras que en quienes superan las ocho horas el incremento es del 40%.
Aunque los datos sobre horas de sueño fueron aportados por los propios participantes —lo que puede introducir variaciones respecto a mediciones clínicas—, los especialistas remarcan que el estudio confirma la importancia del descanso como un factor determinante para la salud integral y el envejecimiento del organismo.

