La fuerte contracción de la natalidad en Argentina —con una caída estimada del 47% en la última década, pasando de unos 700.000 nacimientos en 2014 a cerca de 400.000— está modificando profundamente la estructura de los hogares. Esta tendencia reduce la presencia de familias numerosas y vuelve cada vez menos frecuente la figura clásica del hermano del medio.
De acuerdo con los registros del INDEC, la transformación no responde únicamente a un aumento de personas sin hijos, sino a un cambio rotundo en la composición familiar: los hogares con tres o más integrantes pierden peso de manera sostenida frente a la expansión de los modelos de uno o dos hijos. Factores económicos, la edad promedio al momento de la maternidad y las nuevas trayectorias laborales figuran entre los principales impulsores de este fenómeno.
Qué dicen los estudios sobre el orden de nacimiento y la personalidad
La escasez de hogares numerosos reabrió el debate sobre cómo la posición entre hermanos influye en el desarrollo personal. Una investigación a gran escala realizada por los psicólogos canadienses Michael C. Ashton y Kibeom Lee sobre más de 700.000 adultos analizó aspectos como la amabilidad, la extroversión, la responsabilidad y la honestidad.
Los resultados marcaron diferencias acotadas pero interesantes:
- Hermanos del medio: Mostraron una mayor tendencia hacia la amabilidad, mejores capacidades de negociación, menor interés por el estatus y menor propensión a la manipulación.
- Hermanos mayores: Presentaron resultados levemente superiores en mediciones ligadas a la inteligencia y el liderazgo.
- Hijos únicos y menores: Se vincularon estadísticamente con una mayor apertura a nuevas experiencias y predisposición al riesgo.
No obstante, los especialistas advierten que se trata de tendencias generales y no de reglas aplicables a nivel individual. Además, los estudios subrayan que el peso fundamental recae sobre la convivencia cotidiana bajo el mismo techo, más allá del vínculo biológico estricto.
La evolución del vínculo fraternal
Con el predominio de familias de uno o dos hijos, las experiencias cotidianas de negociación, disputa de atención y espacios compartidos se reducen. Tradicionalmente, la relación entre hermanos se describe como una curva en forma de U: sólida durante la infancia, con cierta distancia durante la adolescencia y una reconexión afectiva que suele recuperarse con fuerza en la adultez.
A medida que el mapa demográfico argentino se reconfigura hacia hogares más compactos, la vivencia de crecer rodeado de múltiples hermanos y el rol intermedio del “hermano del medio” se transforman en postales cada vez más inusuales.