Por Pedro Andrisani. Hay acontecimientos que exceden largamente aquello que figura en el programa oficial. La inauguración de los Juegos Suramericanos es uno de ellos.
Rosario vuelve a mostrarse ante el país y ante Sudamérica como una ciudad capaz de organizar un evento de enorme dimensión, con infraestructura, logística y capacidad de gestión.
Y, como suele ocurrir con los grandes acontecimientos, la política tampoco queda afuera. Para Maximiliano Pullaro, los Juegos llegan en un momento especialmente conveniente. El gobernador puede exhibir una Santa Fe que organiza, invierte, articula y consigue que Rosario sea protagonista de un acontecimiento internacional.
No hace falta hablar de reelección.
Una obra terminada, una gestión que muestra resultados o un evento exitoso pueden funcionar como piezas de campaña bastante más efectivas que un discurso electoral.
Pullaro tiene, además, un objetivo político cada vez más evidente: construir la continuidad de su proyecto provincial. Pero la verdadera incógnita está en Rosario:
Pablo Javkin tiene por delante una decisión que puede modificar completamente el tablero electoral de 2027: la posibilidad de ir por un tercer mandato.
Durante años, la política rosarina dio por sentado que dos períodos consecutivos constituían una suerte de límite. No porque existiera necesariamente una prohibición, sino porque ningún intendente había buscado hasta ahora permanecer tres mandatos consecutivos.
La tradición terminó funcionando casi como una regla.
Pero las tradiciones no son leyes.
Y la puerta para que Javkin vuelva a competir sigue abierta. De hecho, el propio intendente evita cerrar definitivamente esa posibilidad, mientras sostiene que todavía no es momento de definir su futuro electoral.
Los Juegos le ofrecen, entretanto, una plataforma extraordinaria para mostrar una ciudad que pretende recuperar protagonismo, proyectarse hacia afuera y dejar atrás una etapa complicada.
Si Javkin finalmente decide competir, la inauguración de los Juegos podría ser vista como uno de los primeros grandes momentos de exposición de esa campaña.
Si decide no hacerlo, la escena igualmente tendrá enorme importancia para quien pretenda sucederlo.
Porque Unidos también juega su propia competencia.
María Eugenia Schmuck ya se mueve como una de las principales aspirantes. Sebastián Chale, Gustavo Puccini, Federico Angelini, Anita Martínez y otros dirigentes aparecen, con diferentes niveles de exposición, en las conversaciones sobre la sucesión. El socialismo, por su parte, tampoco parece dispuesto a mirar la elección desde afuera y tiene varios nombres posibles.
Es decir: en Unidos todavía no hay candidato, pero sí hay varios aspirantes.
Y esa interna puede ser tan importante como la elección general.
Pero hay otra pregunta, bastante más silenciosa, que empieza a recorrer los pasillos de la política rosarina.
¿Qué hará La Libertad Avanza?
Hoy Juan Pedro Aleart aparece como uno de los nombres libertarios mejor posicionados para disputar la Intendencia. Pero nadie parece tener completamente despejada la estrategia que adoptará el espacio de Javier Milei en Rosario.
Y allí aparece una posibilidad que, por ahora, se comenta más en voz baja que en público: que LLA finalmente decida no presentar un candidato propio a la Intendencia y que, de alguna manera, se alcance un entendimiento —formal o informal— con sectores de Unidos. No sería necesariamente una alianza con foto, firma y conferencia de prensa. Podría ser algo mucho más sutil. Un acuerdo tácito, una convivencia electoral, una decisión de no competir para evitar dividir determinado electorado.
La hipótesis no es descabellada. En los últimos meses distintos dirigentes de Unidos plantearon públicamente la conveniencia de explorar algún tipo de entendimiento con los libertarios, aunque la idea genera fuertes resistencias dentro de la propia coalición y también recibió rechazos desde LLA.
¿Y por qué sería importante?
Porque una elección con Unidos y La Libertad Avanza compitiendo por separado puede terminar favoreciendo al peronismo de Juan Monteverde si el escenario se mantiene muy fragmentado.
En cambio, un Unidos capaz de contener buena parte del voto no peronista, con un candidato competitivo y una eventual ausencia de una lista libertaria, tendría otra ecuación electoral.
Por ahora es sólo una hipótesis.
Pero la política tiene esas cosas: muchas veces las decisiones más importantes empiezan como rumores que nadie quiere confirmar.
Mientras tanto, Pullaro necesita mostrar gestión, Javkin necesita decidir si quiere volver a jugar y los distintos sectores de Unidos necesitan resolver quién será el candidato capaz de sostener el gobierno de la ciudad.
Y, detrás de todos ellos, aparece una pregunta que puede terminar siendo decisiva: ¿La Libertad Avanza competirá para ganar Rosario o estará dispuesta a correrse para que otro la gane?
Los Juegos están por comenzar.
La carrera electoral, en cambio, ya está en movimiento.
Y mientras los atletas compiten por las medallas, en los despachos políticos se empieza a disputar algo bastante más grande: quién tendrá las llaves del Palacio de los Leones en 2027.