Franco Bartolacci ingresó formalmente en la cuenta regresiva de su ciclo al frente de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). El estatuto le impide un tercer mandato consecutivo, lo que acelera los tiempos tanto para su futuro político personal como para la compleja transición institucional en el pabellón de Maipú 1065. Para el universo de la centroizquierda rosarina, la figura de Bartolacci deja una marca alta: se retira habiendo consolidado un modelo de universidad de puertas abiertas, muy volcado a lo social y con un fuerte arraigo territorial, cuya legitimidad choca principalmente con las tensiones lógicas que genera su inserción en el frente Unidos para Cambiar Santa Fe, donde convive con sectores de centroderecha.

El capital político acumulado por el rector se fundamenta en transformaciones concretas que mejoraron el día a día de la comunidad educativa. Bajo su conducción, la UNR profundizó sus políticas de permanencia para los sectores populares. Logros emblemáticos como la ampliación histórica del sistema de comedores universitarios —que garantiza miles de menús accesibles todos los días— y el fortalecimiento del programa de residencias estudiantiles funcionaron como una red de contención real frente a la crisis económica. A nivel académico, su gestión saldó deudas históricas: impulsó la masiva Expo UNR como puente directo con la comunidad y logró la creación de la Facultad de Ciencias del Movimiento Humano y el Cuidado, la primera nueva facultad en casi cuatro décadas, y  la Escuela en Ciencias Sociales y Humanísticas.

Esta agenda local corrió en paralelo con su vertiginosa proyección nacional. Desde la presidencia del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), Bartolacci abandonó el típico perfil acartonado de la rosca académica para convertirse en uno de los voceros de la resistencia educativa de todo el país. Se transformó en una referencia ineludible en los medios nacionales, liderando el armado de las masivas marchas federales universitarias y plantando bandera frente al recorte presupuestario del gobierno central.

Ese volumen político lo posiciona hoy como un activo codiciado por la alianza oficialista provincial de cara a las próximas elecciones. En las mesas de debate partidario ya se analizan múltiples ofertas legislativas para su desembarco: una candidatura al Congreso de la Nación como diputado, una postulación al Senado provincial por el departamento Rosario, o encabezar la lista para el Concejo Municipal. Sin embargo, cada opción tiene sus “peros”, ya que una postulación local inevitablemente tensiona la convivencia o se pisa con las aspiraciones de su socio político, el intendente Pablo Javkin.

Mientras Bartolacci define su trinchera electoral, los pasillos académicos ya arden por la sucesión. Dentro del oficialismo agrupado en Reformismo en Acción, la danza de nombres revela matices ideológicos y disputas de poder que buscan sintetizarse en un espacio común. La carta principal y la opción más puramente “bartolaccista” es Cintia Pinillos, decana de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, cuyo perfil académico y sintonía con las agendas de género consolida el apoyo del ala más progresista, aunque enfrenta la resistencia histórica no escrita de que ninguna facultad aporta el rector de manera consecutiva. Como un claro contrapeso asoma Alejandro  Vila, decano de la Facultad de Humanidades y Artes, quien genera volumen político por su capacidad de diálogo institucional. Corriendo más de atrás aparece Pablo Alesandroni, director de la Escuela Superior  de Comercio, quien busca aprovechar la ventana estatutaria que faculta a las máximas autoridades de las escuelas preuniversitarias a postularse al sillón rectoral.

Por el lado de la oposición, el peronismo universitario ensaya su propia estrategia tras registrar un crecimiento en las últimas elecciones de los claustros de graduados y docentes. Aunque en su momento Bartolacci logró tejer una armadura plural que incluyó a vertientes del justicialismo moderado, el peronismo académico hoy busca capitalizar el descontento de sectores independientes ante la alineación del rector con el gobierno provincial de Unidos. El PJ se debate entre presentar una alternativa de matriz netamente opositora o meterse en la mesa de negociaciones para condicionar al sucesor de Bartolacci a cambio de gobernabilidad en una Asamblea Universitaria donde nadie tendrá mayoría absoluta.

La suerte está echada. El reformismo rosarino busca demostrar que su modelo de inclusión tiene continuidad, mientras Bartolacci prepara el salto definitivo desde la autonomía universitaria hacia la política santafesina.