La reciente alerta internacional por el avance del ébola, emitida por la Organización Mundial de la Salud, volvió a encender las alarmas sobre una enfermedad con alta tasa de mortalidad. Sin embargo, especialistas del Hospital de Clínicas de la UBA aseguran que, por el momento, no existe un riesgo inmediato para Argentina, ya que el brote permanece concentrado en África central y no hay vuelos directos hacia las zonas afectadas.
La infectóloga Mónica Foccoli explicó que la situación requiere atención, pero no alarma. Según indicó, los casos se encuentran localizados principalmente en Uganda y en la República Democrática del Congo, lo que reduce las probabilidades de impacto directo en el país.
El foco de la preocupación internacional está puesto en la magnitud del brote en territorio congoleño. Datos recientes difundidos por la OMS reportan más de 900 casos sospechosos y al menos 101 contagios confirmados en once zonas sanitarias hasta fines de mayo.
El ébola pertenece al grupo de las fiebres hemorrágicas virales y puede provocar cuadros de extrema gravedad. En sus formas más severas, genera hemorragias internas y externas, con una tasa de mortalidad que puede superar el 50%. Esta combinación de alta letalidad y capacidad de contagio explica la preocupación global ante cada brote.
Aun así, Foccoli subrayó que conviven dos dimensiones: la peligrosidad del virus y la baja probabilidad de circulación local en el corto plazo. En ese marco, recomendó mantener la calma, pero sin descuidar la vigilancia epidemiológica.
El contexto en el que se expande la enfermedad en África agrega complejidad. El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió que el brote avanza en el noreste del Congo en medio de conflictos armados, desplazamientos de población y un sistema sanitario debilitado. En la provincia de Ituri —epicentro de la epidemia— millones de personas viven en condiciones de extrema vulnerabilidad, lo que dificulta las tareas de contención.
Según el funcionario, la violencia obliga a comunidades enteras, incluidos trabajadores de salud, a desplazarse, lo que complica el rastreo de contactos y la detección temprana de nuevos casos.
Las autoridades sanitarias congoleñas informaron que la enfermedad sigue activa en regiones como Ituri, Kivu Norte y Kivu Sur. En paralelo, organismos africanos elevaron el número de muertes sospechosas en la región, reflejando la gravedad del escenario.
En cuanto a la transmisión, los especialistas explican que el virus se propaga por contacto directo con sangre, secreciones u otros fluidos corporales de personas o animales infectados. Se cree que los murciélagos frugívoros actúan como reservorio natural.
El período de incubación puede ir de dos a 21 días. En una primera fase, los síntomas se asemejan a los de una gripe —fiebre, dolores musculares, debilidad y cefalea—, pero en etapas posteriores pueden aparecer complicaciones hemorrágicas severas.
Actualmente, no existe un tratamiento específico contra el ébola, por lo que la atención médica se centra en aliviar los síntomas. Si bien hay vacunas desarrolladas, la variante que circula en este brote —Bundibugyo— no cuenta con una inmunización específica, lo que añade un desafío adicional.
Frente a este panorama, la recomendación de los especialistas es clara: mantenerse informados y consultar ante cualquier síntoma compatible o antecedente de viaje a zonas afectadas. Mientras tanto, la OMS continúa desplegando equipos en terreno para intentar contener la propagación del virus, incluso en áreas de difícil acceso.