En una sesión maratónica atravesada por fuertes cruces y escenas de tensión, y en un contexto de movilizaciones en todo el país y paro general de la CGT, el oficialismo logró aprobar en la Cámara de Diputados la reforma laboral. El proyecto, que sufrió modificaciones durante el debate, fue girado al Senado para su tratamiento definitivo.

La iniciativa obtuvo 135 votos afirmativos y 115 negativos en la votación en general. Para avanzar, el oficialismo aceptó eliminar el artículo 44, que preveía una reducción salarial para trabajadores que sufrieran accidentes o enfermedades fuera del ámbito laboral, un punto que había generado fuerte rechazo opositor.

El proyecto fue respaldado por La Libertad Avanza y bloques aliados como el PRO, la UCR, el MID, Innovación Federal, Producción y Trabajo, Independencia y legisladores monobloquistas. En contra votaron Unión por la Patria, la mayoría de Provincias Unidas, el Frente de Izquierda y diputados de bloques unipersonales, entre ellos Marcela Pagano y Natalia de la Sota.

En la votación en particular, el oficialismo consiguió aprobar la totalidad del articulado: 26 títulos y 218 artículos que incluyen cambios en el régimen de indemnizaciones, la creación del Fondo de Asistencia Laboral, la eliminación de la ultraactividad de los convenios colectivos, restricciones a las tutelas sindicales y al derecho de huelga, la derogación de estatutos profesionales y el desfinanciamiento del INCAA.

El tratamiento continuará ahora en el Senado. En ese marco, el oficialismo convocó a un plenario de las comisiones de Legislación del Trabajo y Presupuesto para este viernes, con la intención de emitir dictamen y llevar el proyecto al recinto el 27 de febrero, en la antesala de la Asamblea Legislativa en la que el presidente Javier Milei inaugurará las sesiones ordinarias del Congreso.

Una sesión marcada por los escándalos

La jornada comenzó con el quórum justo, aportado por el oficialismo y aliados provinciales y radicales. El primer conflicto estalló cuando el presidente de la Cámara, Martín Menem, sometió a votación a mano alzada el plan de labor parlamentaria, lo que provocó la reacción inmediata del bloque de Unión por la Patria, cuyos diputados se acercaron al estrado para exigir que se rectificara el procedimiento.

Hubo además otros episodios de tensión, como el apagado del micrófono a un legislador oficialista en pleno discurso y un intento del peronismo por suspender la sesión al advertir la pérdida de quórum, situación que finalmente fue desactivada por la presidencia del cuerpo.

Un debate polarizado

Durante el debate, el oficialismo defendió la reforma al señalar que el marco laboral vigente “expulsa a los trabajadores a la informalidad” y que el país arrastra desde hace décadas dificultades estructurales para generar empleo registrado. Desde la oposición, en cambio, se advirtió que la norma implicará un retroceso en los derechos laborales, un aumento de la litigiosidad y una avalancha de planteos de inconstitucionalidad.

Referentes de Unión por la Patria, la izquierda y sectores dialoguistas coincidieron en cuestionar aspectos centrales del proyecto, como la limitación del derecho de huelga, el impacto sobre el sistema previsional y la negociación colectiva por empresa. Incluso diputados que se manifestaron a favor de una reforma laboral señalaron que la iniciativa aprobada “no es la adecuada”.

El cierre del debate estuvo marcado por la advertencia del principal bloque opositor: en caso de volver al poder, anticiparon, la ley será derogada. Mientras tanto, la reforma laboral inicia ahora su etapa decisiva en el Senado, donde volverá a encenderse una discusión que promete ser igual de intensa.