La producción industrial de insectos comienza a ganar terreno en Argentina como una alternativa innovadora para la nutrición animal y la agricultura sostenible. En ese contexto, la startup santafesina Molitor, incubada en INTA Rafaela, avanza en la cría a gran escala del Tenebrio molitor —conocido como gusano de la harina en su etapa larvaria— para la elaboración de harinas proteicas, aceites y biofertilizantes.
El proyecto surgió a partir de la experiencia internacional de sus fundadores, el ingeniero industrial Matías Becherini y el ingeniero mecánico Ignacio Sola, quienes conocieron el desarrollo de esta industria durante sus trabajos en Asia. “En Europa ya tenía varios años de evolución, incluso con consumo humano, y detectamos que en Argentina no existía un desarrollo a escala, lo que nos abrió una oportunidad para ser pioneros en la región”, explicó Becherini.
A partir de entonces, la empresa se instaló en la incubadora del INTA Rafaela, donde desarrolla tecnologías propias para la producción industrial de insectos. El modelo se basa en el aprovechamiento integral del Tenebrio molitor, del que se obtienen harinas proteicas con alto valor nutricional, aceites hipoalergénicos y un biofertilizante sólido generado a partir de su guano, rico en materia orgánica y quitina.
La elección de esta especie responde tanto a su perfil nutricional como a su capacidad de producción a escala, lo que permite reducir costos y mejorar la competitividad. Además, se trata del único coleóptero habilitado por ANMAT para su cría en el país.
En el segmento de nutrición animal, Molitor desarrolló ProTemol, una harina con más del 65% de proteína, pensada principalmente para alimentos premium y superpremium para mascotas. Su carácter hipoalergénico la posiciona como una alternativa frente a ingredientes tradicionales como la soja o la harina de pescado. También produce LipiMol, un aceite que aporta energía y mejora la palatabilidad de las dietas.
Estos productos están orientados principalmente a animales monogástricos, como mascotas, aves y peces. En paralelo, el biofertilizante se destina a cultivos intensivos, donde mostró resultados positivos en horticultura, floricultura, cannabis y producción de hongos, además de destacarse por no incorporar químicos.
El sistema productivo desarrollado por la empresa se basa en un enfoque de economía circular, con bajo consumo de agua y menor emisión de gases de efecto invernadero. Las larvas se crían en bandejas apilables sobre sustratos secos, donde convierten fibra en proteína de manera eficiente.
Actualmente, la firma opera una planta piloto en INTA Rafaela y realiza ensayos junto a clientes. Según sus responsables, hoy se posiciona como el principal productor nacional de esta especie. El próximo paso será construir una planta propia para escalar la producción y alcanzar entre 10.000 y 30.000 kilos mensuales de biomasa.
La reciente participación en Agroactiva, con el respaldo de la provincia de Santa Fe, evidenció el creciente interés por este tipo de soluciones. “Tuvimos muy buena recepción del público, con consultas y pedidos de muestras”, destacó Becherini, en una muestra del potencial que despierta la producción de insectos como alternativa sustentable para el futuro.

