Una investigación de gran impacto internacional, liderada por científicas argentinas, logró identificar pequeños pero determinantes cambios en la estructura de una enzima que permiten a cultivos como el maíz, el sorgo y la caña de azúcar realizar una fotosíntesis mucho más eficiente. El hallazgo aporta luz sobre las ventajas adaptativas de las plantas conocidas como C4 y sienta bases fundamentales para futuras aplicaciones biotecnológicas en un contexto de cambio climático.

El trabajo fue encabezado por las investigadoras rosarinas Clarisa Alvarez —perteneciente al Centro de Estudios Fotosintéticos y Bioquímicos (CEFOBI), dependiente del CONICET y de la Universidad Nacional de Rosario (UNR)— y Verónica Maurino, quien desarrolla su labor en la Universidad de Bonn, Alemania. Los resultados fueron difundidos en dos publicaciones complementarias en las prestigiosas revistas Molecular Biology and Evolution y The Plant Journal, esta última destacando el estudio en su portada.

La clave de la fotosíntesis C4 frente a las plantas C3

El punto de partida de la investigación radica en una diferencia evolutiva fundamental entre los grandes grupos de vegetales:

  • Plantas C3: Cultivos de enorme consumo mundial como el trigo, el arroz o el tomate utilizan este mecanismo tradicional.
  • Plantas C4: Especies como el maíz, el sorgo y la caña de azúcar desarrollaron un sistema evolutivo superior que les permite concentrar dióxido de carbono alrededor de la enzima RuBisCO, la encargada de fijarlo para generar compuestos orgánicos.

Esta ventaja adaptativa se vuelve crucial en escenarios de altas temperaturas, elevada radiación o escasez de agua, permitiendo que las plantas C4 aprovechen de manera óptima el carbono y reduzcan al mínimo las pérdidas metabólicas asociadas al oxígeno.

El misterio molecular de la enzima NADP-ME

Para entender qué diferencia a estas plantas, el equipo científico se propuso responder una pregunta compleja: ¿qué hace que una versión específica de una enzima participe de este circuito fotosintético mientras otras variantes muy similares cumplen funciones completamente distintas?

La protagonista del estudio fue la enzima málica dependiente de NADP+, conocida como NADP-ME, responsable de generar el dióxido de carbono que luego utiliza RuBisCO en las plantas C4.

Mediante el uso de herramientas avanzadas de biología estructural, bioquímica, microscopía electrónica y simulaciones computacionales —incluyendo cristalografía y difracción de rayos X en un sincrotrón de Hamburgo—, los investigadores descubrieron que:

  • Modificaciones mínimas en aminoácidos específicos de los extremos de la enzima bastan para estabilizar arquitecturas diferentes.
  • Las versiones ajenas a la fotosíntesis se agrupan en estructuras de dos subunidades (diméricos).
  • La variante propia de la fotosíntesis C4 se ensambla en cuatro subunidades (tetrámeros), alterando por completo sus propiedades regulatorias y funcionales.

Del proyecto también participaron científicos del CONICET, de la Fundación Instituto Leloir (como Sebastián Klinke), del Instituto de Física del Sur y de instituciones académicas de Alemania y Reino Unido.

El horizonte agrícola: ciencia básica con proyección a futuro

Aunque la fotosíntesis C4 ha evolucionado de manera independiente en múltiples ocasiones a lo largo de la historia natural —demostrando ser una adaptación sumamente ventajosa—, los especialistas piden mesura respecto a sus aplicaciones inmediatas.

Conocer las reglas moleculares que rigen el comportamiento de estas enzimas abre la puerta, a largo plazo, a estrategias de ingeniería y edición génica orientadas a mejorar la eficiencia de cultivos C3. Sin embargo, los autores aclaran que el logro actual consiste en haber descifrado piezas fundamentales del mecanismo molecular básico, evitando sobredimensionar el avance como una solución tecnológica a corto plazo.