La creciente demanda de medicamentos utilizados para tratar la diabetes tipo 2 y la obesidad encendió una alerta sanitaria en la Región de las Américas. La advertencia fue emitida por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) junto con la Organización Mundial de la Salud (OMS), que señalaron riesgos asociados al uso indebido y a la circulación de versiones falsificadas de ciertos medicamentos.
La preocupación se centra en los fármacos conocidos como agonistas del receptor GLP-1, un grupo que incluye principios activos como la semaglutida, la liraglutida, la dulaglutida y la tirzepatida. Estos medicamentos están aprobados únicamente para indicaciones específicas y deben utilizarse bajo estricta prescripción y control médico.
Uso con indicaciones precisas
Su principal aplicación es como tratamiento para mejorar el control de la glucosa en adultos con diabetes tipo 2. En muchos casos se indican especialmente cuando los pacientes también presentan enfermedades cardiovasculares, enfermedad renal crónica o cuadros de obesidad que afectan de manera significativa su salud.
En la última actualización de la Lista Modelo de Medicamentos Esenciales, la Organización Mundial de la Salud incorporó a varios de estos fármacos como opciones terapéuticas adicionales para determinados pacientes con diabetes tipo 2, bajo criterios clínicos bien definidos.
Entre ellos se contempla su uso en personas con un índice de masa corporal igual o superior a 30 kg/m² cuando el exceso de peso deteriora la calidad de vida o se asocia a otras enfermedades.
Las autoridades sanitarias remarcan que estos medicamentos no deben considerarse tratamientos estéticos. Su indicación requiere una evaluación clínica individual, un plan de tratamiento estructurado y controles médicos periódicos. Tampoco se recomienda su utilización en personas con obesidad que no presenten diabetes tipo 2 ni otras comorbilidades.
Riesgos del uso indebido
La alerta emitida por la Organización Panamericana de la Salud se basa principalmente en dos problemas: el uso de estos medicamentos fuera de indicación médica y el crecimiento del mercado de productos falsificados o no autorizados.
Desde el punto de vista terapéutico, estos fármacos actúan sobre los mecanismos que regulan el apetito y el metabolismo energético. Al imitar la acción de una hormona intestinal natural, ayudan a mejorar el control de la glucosa en sangre y a generar sensación de saciedad. Sin embargo, su potente efecto sobre el sistema digestivo y metabólico exige supervisión profesional.
Entre los efectos adversos más frecuentes se encuentran síntomas gastrointestinales transitorios, como náuseas, vómitos o malestar abdominal. No obstante, también se han registrado complicaciones más graves, como pancreatitis aguda, enfermedades biliares —entre ellas colelitiasis y colecistitis—, obstrucción intestinal, íleo o gastroparesia.
La pancreatitis aguda, por ejemplo, se manifiesta con dolor abdominal intenso y persistente, generalmente acompañado por vómitos. Las autoridades sanitarias advierten que estos síntomas constituyen señales de alarma que requieren atención médica inmediata.
Además, se ha observado que el tratamiento podría agravar la retinopatía diabética en personas con diabetes de larga evolución, lo que obliga a reforzar los controles oftalmológicos.
También existen investigaciones en curso sobre posibles riesgos poco frecuentes, como la relación con el cáncer pancreático o el carcinoma medular de tiroides. Si bien no hay una confirmación científica definitiva, estos aspectos continúan bajo monitoreo por parte de organismos regulatorios.
Crecimiento del mercado informal
Otro de los focos de preocupación es el aumento de la venta de estos medicamentos a través de canales informales. La elevada demanda, impulsada en parte por su uso para bajar de peso sin control médico, favoreció su comercialización en redes sociales, plataformas de comercio electrónico y otros circuitos no autorizados.
Los productos adquiridos fuera del sistema legal pueden no contener el principio activo, estar contaminados o haber perdido la cadena de frío necesaria para su conservación. Dado que se trata de medicamentos inyectables que requieren condiciones específicas de almacenamiento, cualquier alteración puede afectar su seguridad y eficacia.
El consumo de versiones falsificadas no solo puede provocar efectos adversos inesperados, sino también impedir que personas con diabetes tipo 2 reciban el tratamiento adecuado, lo que incrementa el riesgo de complicaciones y genera mayores costos para los sistemas de salud.
Recomendaciones de las autoridades sanitarias
Frente a este escenario, la Organización Panamericana de la Salud instó a los países de la región a reforzar los sistemas de farmacovigilancia para monitorear y notificar reacciones adversas. También recomendó establecer protocolos claros para iniciar o suspender estos tratamientos y mejorar la trazabilidad de los medicamentos a lo largo de toda la cadena de suministro.
Asimismo, se enfatiza la importancia de comunicar adecuadamente los riesgos a la población, recordando que estos fármacos no son productos cosméticos y que su uso debe limitarse a las indicaciones aprobadas.
Para los profesionales de la salud, las recomendaciones incluyen realizar una evaluación clínica completa, identificar enfermedades asociadas y mantener controles metabólicos periódicos. El tratamiento, señalan los especialistas, debe integrarse dentro de un abordaje integral que contemple cambios en el estilo de vida y el control de factores de riesgo.

