Un reciente informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) reveló que cinco de cada 10 niños en la Argentina son pobres o indigentes. El estudio destaca que, si bien la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar evitan que la indigencia infantil se duplique, el impacto de la crisis socioeconómica golpea con fuerza en la salud mental, la educación y la vestimenta de las infancias.
El impacto de los programas sociales en la indigencia
El análisis de la UCA, basado en datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-Indec) entre 2018 y 2026, muestra que uno de cada 10 niños es indigente. Sin la asistencia de la AUH y la Tarjeta Alimentar, este indicador se duplicaría.
A pesar de que el poder de compra de estos programas aumentó —pasando de cubrir entre un 12% y 28% de la Canasta Básica Alimentaria en 2024 a entre un 39% y 62% en 2026—, la asistencia resulta insuficiente para erradicar la vulnerabilidad. Actualmente, el 30% de la población que recibe ayuda estatal sigue por debajo de la línea de pobreza.
Más allá del alimento: privaciones en vestimenta, salud mental y educación
Las carencias económicas en los hogares vulnerables impactan de manera integral en el desarrollo infantil:
- Vestimenta y calzado: El 37,5% de los niños y adolescentes no adquiere ropa o calzado por falta de recursos económicos.
- Salud mental y sociabilización: Más del 45% presenta dificultades para entablar amistades o padece problemas de salud mental.
- Rendimiento escolar: El 36,8% registra complicaciones en el aprendizaje.
La realidad en el territorio: la situación social en Rosario
Desde el trabajo de campo, referentes sociales confirman la profundidad de la crisis. Ricardo Camarasa, integrante del Movimiento Solidario Rosario (MSR) —organización que asiste a más de 20 comedores comunitarios—, advirtió sobre el deterioro del tejido social.
Debido al contexto, el MSR debió reactivar en 2026 su colecta anual de invierno para juntar ropa, zapatillas y medias, insumos que pasaron a ser tan urgentes como los alimentos. Además, Camarasa alertó sobre el incremento de la deserción escolar en los barrios: los jóvenes abandonan los estudios para buscar changas e ingresar dinero a sus hogares.
A esta problemática se suma el cierre de comedores comunitarios independientes por falta de recursos y insumos, lo que genera una mayor presión sobre las ONG que continúan operando en el territorio.